Entradas para la categoría 'Inflexiones'

Sep 06 2009

Se duda

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Duda el color del cielo.
El techo de la celda es blanco como el suelo y las paredes.
En una de ellas hay un vidrio blanco como una ventana por el que entra una luz de idéntico tono.
La cajonera junto a la cama es blanca y los pomos, y los cajones vacíos, como la puerta del armario, el interior, y los estantes sin nada.
El tiempo sin relojes ni cifras también es blanco.
El mono que lleva puesto de pies a cabeza atado por la espalda es blanco, y se lo cambian con los ojos vendados.
El lavabo, la grifería, el retrete, y los que le acompañan cuando entra, nada llevan que no sea el mismo blanco puro.
En la cuarta dimensión no se distinguirían.
El plato es blanco, la comida blanca, el vaso y lo que bebe para no morirse de sed; los cubiertos y el paño.
Le acompañan al aseo sin espejos, y no le dejan ver lo que defeca: negro como su piel.
El colchón es blanco como las mantas, la silla y la mesa.
Después de varios días aislado se tapa los ojos muchas veces con las manos enfundadas…Y duda de qué color será el infierno.

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Ene 06 2009

Ni carbón que encender (inflexión dolosa)

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

A las negritas del polígono industrial no les echaron ni carbón que encender, a pesar de quedarse hasta las tantas de la madrugada esperando.
Bajo una intemperie que helaba sus huesos pese a polainas y suéteres, hasta el tuétano, y desnudaba el alma; sin una hoguera o un palé en llamas con que calentarse (como tienen las del gran bulevar cerca del parque); frotándose las manos y los brazos para sacarse el frío caminaban, unas dispersas por las aceras delante de las vallas y puertas de las naves; y otras aguantando de pie, solas o en corrillos, en cualquier esquina de una fábrica, o cerca de las farolas de la rotonda.
Los tres Reyes, con sus camellos y pajes, pasaron cerca camino del centro, pero ni miraron; quizá no las vieron.
Algunos de los habituales que pasaban con sus autos por delante de sus narices, simularon no verlas mirando para otro lado o tocando el salpicadero, mientras ellas hacían señas o corrían llamándolos. Ni parar, y menos un regalo.
Parecen saber porqué, pero lo dudan, incluso ellas ¿Por malas chicas?
No tienen familia conocida, ni se sabe fe que profesen…Y ni enviaron las cartas.
Hacen como si no pasara nada. O casi nada. Sonríen mostrando los dientes, mientras dicen lo de siempre: “Bien hecho con la boca veinte; completo todo, treinta; sin plástico, depende…¿Cariño vamos?”
Diría que prefieren cualquier martes a un día de Reyes.
Y tampoco tienen sentido comercial ¿No podrían ofertar, por ejemplo…Un bonopolvo, o un dos por uno? Para ésa noche señalada.

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Dic 26 2008

Por fin (inflexión casuística)

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Por fin se rompió el jarrón que teníamos (mi padre y mi hermano lo adoraban) sobre un mueble en el salón comedor de casa, presidiéndolo todo.
Fue cuando lo estampé contra el suelo, en un arrebato de ira, para terminar la discusión con mi hermano: lo último que me llamó fue “desgraciado, miserable”.
Tirarlo contra las baldosas y destrozarlo fue sustitutivo de romperme yo, o abrirme en canal, cosa que me gustaría hacer cuando alguien, otro, dice gritando lo que en silencio me digo a mí mismo.
-Chulo, chulo asqueroso- le contesté antes de tirar mano a destrozar lo más valioso que había en casa: el hermoso jarrón de porcelana inglesa, azul celeste con escenas de caza en burdeos, del siglo XVI.
Él gritó llamando a mi padre, mientras se echaba las manos a la cabeza y yo salía dando un portazo hacia la calle pensando no volver jamás. Me creo que ambos se convencieron de inmediato que habían tenido una pérdida insustituible.

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Dic 05 2008

Aire y dureza (inflexión variable)

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Lo duro del aire, su irrompibilidad, es incontestable.
Aunque una enorme grúa hiciese girar con un mecanismo sobre sí misma una viga de cemento de diez toneladas con velocidad contra él, no por eso lo quiebra o rompe, o deshace o transforma; ni aunque el viento lo empuje contra un canto afilado o pared o montaña consigue romperlo.
Por tanto, la índole de su esencia irrompible, su dureza, es incuestionable.

A quien lo dude…A quien lo dude que lo encierren en el manicomio hasta que lo afirme.

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Nov 30 2008

Yo sólo me aclaro.

Publicado por Ciertamente en Inflexiones


Yo sólo me aclaro bien, o sea, sólo yo me aclaro bien. Que soy suficiente para entenderme bien quiero decir, que conmigo me basto.

Que tengo razones y explicaciones que ofrecerme  para entenderme sólo ¿Me explico, entienden lo que quiero decir?

Que sólo yo, con mis cavilaciones, tengo suficiente para entenderme a mí, y al resto de congéneres, eso quería decir, que cavilando me entiendo y aclarándome me aconsejo bien, yo sólo, a mí mismo.

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Nov 24 2008

Inflexión reflexiva sobre una hormiga negra y una viga acerada

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Inflexión reflexiva sobre una hormiga negra que recorría una noche de verano, a la luz de una farola, en sentido horizontal el perfil longitudinal superior, de ocho milímetros de grueso, de una viga de acero doble te, de treinta centímetros de altura y más de cuatro metros de larga, cavilando si le cupiese, sobre qué es más importante la suavidad, o la dureza.
Parecía que el contacto de las patitas con el áspero metal frío y de las antenas con el caliente éter, la hiciesen dudar y se lo preguntase, mientras buscaba desorientada semilla o grano, u otra hormiga o el hormiguero ¿De qué fiarse de la dura viga o del aire blando?
Por momentos se paraba, giraba noventa grados, y se quedaba con la cabeza hacia abajo mirando al suelo, a casi un metro, pareciera que para tirarse, pero moviendo la cabecita y frotándose las patitas, dudaba, y seguía andando.
Cuando me alejé estaba por la mitad de la viga en la misma dirección que tenía cuando subió por un extremo. Diría que no entendía, que iba perdida, continuamente dudando.

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Nov 19 2008

Ella responde

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Con tono suave la llamo y me oye. Si estamos acostados, o dormida en sueños, o entrando en el colegio, o a media mañana en la cocina, si digo “Alma” se vuelve y mira sonriendo.
Si me despierto de madrugada y con voz floja la llamo, me escucha. Hace un giro, un movimiento y contesta “¿Qué?” yo digo “Nada. Un beso” y continúa durmiendo.
En sueños también, si la veo la llamo, y mira hacia donde estoy “¿Qué?” pregunta, y yo contesto “Nada. Quería saber que me oías…” dejando que todo transcurra.
En el barullo del colegio, cuando los niños entran, poco después de las nueve, en medio de la algarabía, la llamo y en un instante se vuelve “Qué, ya nos vamos…ven” dice. “No hay prisa, te espero” respondo.
O en la cocina, si le digo “Alma. Dame un beso”, hace un alto olvidando el quehacer, y toma con las manos mi cuello para dármelo.
Muchas veces, aún así, en el desvelo, no digo nada por no despertarla, me quedo callado y le acaricio la espalda, o los brazos o el pelo, a veces rezando, mientras ella sigue durmiendo. Sé que si la llamo, si pronuncio su nombre, responde.

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