Yo me pondría a construir una finca y la llevaría a buen término, sé que estoy cualificado y en cualquier caso, lo estoy para escuchar, diferenciar, y seguir los consejos oportunos de los profesionales en los diferentes oficios y ámbitos, y coordinarlos.
Trabajé varios años en la construcción como delineante de tablero, escalímetro, lápiz y rotring, y de obra controlando zanjas, pilares, jácenas, cubiertas y terminaciones. Entiendo bien de eso.
Buscaría un solar cerca del pueblo, no es requisito que esté pegado, de trescientos metros cuadrados por ejemplo, a ser posible rectangular, importante que esté soleado, y empezaría por medirlo, levantar el plano, calcular metros cuadrados y tantear el número de viviendas de dos, tres, y cuatro dormitorios y estudios con ático.
Antes de ir al arquitecto, de entre los varios que conozco el que eligiese, calcularía en un croquis con unos primeros números y trazos varias posibilidades.
Cuatro plantas de trescientos metros cuadrados cada una equivalen a mil doscientos metros edificables, menos el veinte por cien de zonas comunes quedan novecientos sesenta aproximadamente habitables, que divididos en módulos de cincuenta metros nos da veinte módulos en números redondos. Podrían salir por ejemplo dos viviendas de alrededor de ciento cincuenta metros con cuatro dormitorios, cuatro de ciento treinta con tres dormitorios, dos de noventa con dos dormitorios, y dos estudios de cuarenta metros con terraza. Dos baños, cocina, recibidor, balcón, y galería las llevarían todos excepto los de un dormitorio que no llevarían recibidor ni segundo baño.
El lugar que ocupasen los diferentes tipos de vivienda en altura sería una cuestión no sólo económica si no social. Las que están bajo los áticos serían compensadas con amplios y profundos balcones, por ejemplo, resultando más económicas, mientras que los áticos gozarían de una vista privilegiada, incluso se podrá ver el mar, y en contra serán de mayor coste.
El arquitecto sabe más respecto a lo que conviene para un reparto equitativo y atendería sus consejos. Yo me ocuparía de cuidar los intereses económicos y sin restar calidad a la construcción, pedir imaginación, optimización y austeridad.
La utilidad para los usuarios, la comodidad, y la optimización de recursos naturales, por ejemplo la luz o la insonoridad, o la transmisión de temperatura, serían cuestiones fundamentales que el tendríamos en consideración. La ubicación de un único patio interior amplio que favoreciese la entrada de los rayos solares y la luz más que dos pequeños, por ejemplo, o la profundidad de los balcones que dan al sur, que les permiten entrar hasta el fondo de la habitación en el invierno, y ni medio metro de la cornisa en el verano.
La propuesta de colores para la fachada en tonos pasteles, oscilando entre azules y ocres, que en el verano ayudan a conservar la temperatura interior y cuyos costes son menores que cualquier cerramiento cerámico.
Con él sé que no tendría ningún problema y que ambos nos entenderíamos a la perfección logrando una buena distribución, una elegante fachada y en definitiva un buen trabajo, después de todas las vueltas y consejos y reuniones que hiciesen falta.
Iría a hablar con un banquero, y a contactar con inmobiliarias y potenciales compradores, explicando el proyecto para en el momento de empezar tener ya algunos apoyos, y la garantía de que al menos un veinte por cien está vendido después de ejecutada la cimentación.
Hipotecaría los inmuebles de mi herencia al banco para obtener el préstamo sin demasiadas consideraciones, con la confianza de que la finca atraerá compradores por sí misma, por su situación, fachada, orientación, distribución, y precio. Y me encargaría de buscar las cuadrillas convenientes para cada fase de ejecución del proyecto.
Al de la pala para excavar las zanjas y zapatas de cimentación; a los del hierro para hacer y colocar los cercos en el armado, y a los del hormigón garantizado y homologado para efectuar el relleno. Tendría un maestro de obra desde el principio para el asesoramiento y la supervisión de cada tarea específica.
Buscaría después los encofradores y estructuristas para levantar los pilares y los forjados. A cada uno previo presupuesto aceptado, y pagado la mitad al empezar y el resto al tercer día después de terminado el trabajo.
A continuación, en dos meses aproximadamente, traería dos cuadrillas de oficiales y peones para la realización de la albañilería, tabiquería, colocación de peldaños en las losas, bajantes, montantes, terrazas, cubiertas, casetas de escalera, armarios para contadores, colocación de terrazas y suelos, y todo tipo de terminaciones, hasta que estuviese preparado para pasar cables o tubos, e instalar la electricidad y la fontanería; pintar, terminar la carpintería y montar las cocinas y los baños.
A cada gremio pediría presupuestos ajustados y eficacia en la ejecución y montaje. Mediría los metros lineales y los calibres de los tubos de cobre al fontanero o los de plástico y los distintos hilos al electricista, antes de ir a hablar con ellos.
Les pediría precio por metros y cantidad contada de material. Tantos enchufes de fuerza y normales, tantos puntos de luz, tantos interruptores sencillos y tantos conmutadores, tantas cajas, etc, según la tipología de cada vivienda. Tantas de tanto igual a tanto, por tanto, tanto.
Y lo mismo al carpintero, tantas de tanto por tanto para cada tipo, tanto.
Con el pintor ajustaría por metro cuadrado de interior o de fachada. Tanto a tal precio y tanto a tal otro, resultado final, tanto, a pagar en las condiciones especificadas.
Sé que no tendría problema en encontrar a los adecuados. Cuando los mirase el primer día mientras me explicasen los pormenores y los precios ofertados, yo reconocería al que fuese honrado y diligente y cerraría el trato con esos.
Los planes de seguridad tanto en el interior de la obra como en los cerramientos externos, los andamiajes o las protecciones de fachada, se llevarían en todos los casos según la normativa vigente y sobre todo según el criterio personal de ” antes seguro que expuesto “.
Desde la calle al pasar por delante muchos la mirarían deseando tener un piso en ella, veinte metros de fachada con dos balcones de ocho metros cada uno de largo por tres de profundo en las dos primeras plantas, y cuatro balcones de casi tres por dos en las dos siguientes, por ejemplo, para terminar en un voladizo inclinado de tejas que diese a las terrazas y áticos, y desde el que poder asomarse los que quieran a ver los campos al oeste o la orilla del mar al norte.
Yo sé que podría realizar un buen edificio y conseguir a la vez una inversión económica rentable, pero ahora, justo ahora, hay muchas fincas buenas y económicas como esa que digo que haría si en vez de hoy ser hoy, hoy fuese tres años antes.
O si espero un poco a que se ocupen por la población creciente, también en ese caso podría emprender ese trabajo negocio, u ofrecerme para llevarlo a cabo, sabiendo de antemano que no me resultaría difícil construir una finca.