Entradas para la categoría 'Cuentos paranormales y anticuentos'

Dic 24 2009

Noche buena

Hay una peña de tosca más larga y ancha que un auto y un poco más alta. Dos de sus lados están tallados en ángulos rectos, de manera irregular formando escalones asimétricos, como si hubiesen sacado o pretendido láminas o bloques de distintos tamaños, y están orientados al noreste y al suroeste, ambos al mar. En el lado noreste hay una repisa ancha y larga, a la altura de las rodillas, como un banco en el que caben tres. Allí sentado se puede reposar la espalda en la tosca y quedar contemplando la orilla rocosa, el mar, el cabo, el horizonte, el sol haciendo su recorrido, las estrellas viajando cuando el sol se ha ido, las nubes sin nombre caprichosas, los barcos pasar tranquilos o agitados, con motor o velamen, en todas direcciones (en medio de la oscuridad rojos o blancos o verdes, o combinados, o con varias hileras de luces), las gaviotas volando con su lógica, algún gorrión, unas cañas, arena que es nada entre miel y hueso, piedras sueltas multiformes por el suelo, la espuma creíble apareciendo y desapareciendo con las olas, las ráfagas del faro a la izquierda cuando el ocaso comienza, y poco más. Apenas unas casas cerca del cabo, pequeñas luces en la oscuridad. Se puede estar allí, claro que se puede, paso muchas horas sentado cómodo a lo largo de uno o varios días, o semanas o meses, cientos de horas en las que al final, sin objeción de nada, perdono vivir, y quedo en paz. Pero me tiene en vilo, y tengo que resolver, cómo penetrar en ella; si quiero entrar, traspasar su pared visible ¿por dónde, cómo lo hago?

Y llega navidad mañana y sigo dándole vueltas a ver si lo soluciono. La toco por lo largo y ancho que puedo, es áspera si presiono me araño la mano, y le busco un quiebro posible, una fisura por la que entrar, o un pasadizo secreto, pero es compacta, maciza, espesa, arenisca, dura, y al final advertí una tarde descarnando simplemente con el zapato, que tiene la base más grande quizá que un camión, y está unida a la cumbre como el monte al valle ¿cómo; cómo lo haré? Parece impenetrable, y necesito entrar a cobijarme, y conocer o comprender algo indispensable.

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Ene 30 2009

Un extraño amigo del que no me fío mucho.

Es del Madrid pero sólo cuando juega en casa, que asiste si puede al encuentro. Cuando juegan en campo contrario le gusta que ganen los locales. Si son extranjeros la cosa es diferente, entonces allí como aquí quiere que triunfen.

Pero aún así, es uno de esos a los que muchos llamarían tonto, o torpe, medio inútiles, raros. Pero le tengo afecto, cuando me llama por teléfono charlamos de lo que encarte, de los nuevos tiempos que nos toca vivir, de familia o de mujeres, y si me pide vernos le hago un hueco y asisto. No me importa si es tomar un café, como si es quedarnos de pie junto al automóvil, contándonos nuestras cosas. Me gusta cómo lo dice aunque nunca creo demasiado sus afirmaciones. De lo que dice que le han contado casi nada, y de lo que dice haber visto la mitad o menos.

Uno que es socio con carnet de un equipo y quiere que ganen además del suyo los otros, que pretende un empate técnico en la liga, no sé, pero no me parece muy fiable. Al margen, si nos pedimos favor y podemos nos lo hacemos, como amigos, en base a la estima sin más.

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Ene 20 2009

Ella sonríe sentada

La chica del supermercado se sienta a veces en el murito blanco tiznado, cerca de la entrada y de los carros encadenados, pantalón azul marino y camiseta roja, a echar un cigarro, mientras toma el sol, que también es de ella.
Los clientes cada uno mete el suyo extrayendo la moneda, o poniéndola lo saca, antes de volverse hacia el auto o entrar por su compra. Antes o después de extasiarse en las estanterías, desde el tobillo hasta el brazo alzado, de las galletas: redondas, ovaladas, cuadradas, rectangulares; con miel, con chocolate, con fresa y chocolate, integrales, con fibra, enriquecidas, caseras, crujientes, hojaldradas, con coco, etc; o las magdalenas y bizcochos variados; o la de los zumos, o los lácteos, o las frigoríficas de yogures o mantequillas…Etc.
Cada uno a la suya recobrando el sentido de las cosas por lo que dicen las etiquetas, recobrando los principios del mundo allí inmersos, entre otros semejantes, también adentrándose en el misterio de la luz y el silencio, el susurro o el ruido, de los pasillos llenos de alimentos y complementos. Centrados en lo que puede ser suficiente y lo mejor.

Sonríe saludando, cuando alguien al salir o al entrar la mira tragar y echar el humo, sonríe dejando ver sus dientes blancos.

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Ene 07 2009

Una larga noche de Reyes.

Uno de los Reyes con dos pajes, no me atrevo a decir cuál porque estaba alejado y no aprecié detalle, ni si llevaba corona o turbante, estaba parado en medio de la calle paralela al cauce, frente a otra que desde allí  se internaba hacia el centro de la ciudad. Montado en su caballo, cubiertas las ancas por su capa, dio unas vueltas sobre sí mismo, como si no supiese hacia dónde continuar. De haber seguido recto hubiese venido hacia mi, pero no.
Estaba a unos doscientos metros, quizá trescientos, cuando alcé el brazo moviéndolo de hacia los lados con la palma abierta, haciendo  señas para que me viese, y viniera o me esperara, pero nada.
Puede que fuese Baltasar pero tampoco estoy seguro porque era de noche y estaba todo oscuro; donde estaba, en el centro de la calzada la luz de las pocas farolas apenas alumbraba. Me hubiese gustado que fuese él, de pequeño me gustaba y solía dirigirle las cartas.
-¡Rey mago, rey mago, soy yo¡ Grité pensando que si miraba o me oía me reconocería, pero no. Seguro que ni me oyó.
De pronto estirando las bridas paró al animal encarando a la avenida iluminada. Parecía que se decidía y antes de que entrase en ella y lo perdiera de vista corrí hacia él gritando de nuevo:
-¡Rey mago, rey mago, soy Antonio, espérame¡ Pero tampoco, ni miró ni oyó, y en unos segundos empezó a adentrarse perdiéndose de mi vista por la esquina derecha.
Cuando llegué al cruce, cansado de correr por el empedrado (me falta hacer deporte más a menudo, y dejar de fumar) lo vi por la espalda alejarse, a veces con un ligero trote. Confieso que me sentí tan triste como extrañado. Me pareció que iban perdidos buscando el centro, quizá al encuentro de sus compañeros, guiándose por las luces ahogadas por el vaho. Pero claro, esto no es como cuando la estrella precisa les señalaba un camino; aquí con las bombillas y la neblina es diferente, hay otros matices y es más complejo, máxime recién llegados de país extranjero y lejano.
Me extrañó también que los dos pajes que le acompañaban tampoco advirtieran que les llamaba y hacia señas, y a juzgar por lo que hicieron, dar vueltas y seguirle, tampoco sabían bien dónde se hallaban.
Me quedé con las ganas, una de saber si me traían algún regalo (de repente al verlos tuve ganas de recibir un obsequio, cualquier cosa) y otra, de haberles ayudado. Aunque también estoy de paso sé positivamente por donde se llega: siguiendo recto por donde fueron y doblando a la derecha en el tercer semáforo, se llega a la plaza mayor y a la catedral, ahí pensé yo que irían ¿No?
Lo más fácil a mi entender es que tarde o temprano, se encontrasen con los otros.
Lo cierto es que no envié carta alguna pidiendo regalo, más bien, ahora lo entiendo quizá lo captaron, para mis adentros días antes, imaginando hablar con ellos, les había pedido salud para todos, y a mi que me dejasen tranquilo continuar a mi ritmo.
Ahora me doy cuenta ¿Acaso no hicieron eso? Al fin y al cabo rehusé meterme en la cabalgata para ir por las afueras a mi manera, a veces lo hago, caminando un rato sin más rumbo que el muro que linda el río.

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Jun 29 2008

Una finca de equis metros cuadrados

Yo me pondría a construir una finca y la llevaría a buen término, sé que estoy cualificado y en cualquier caso, lo estoy para escuchar, diferenciar, y seguir los consejos oportunos de los profesionales en los diferentes oficios y ámbitos, y coordinarlos.

            Trabajé varios años en la construcción como delineante de tablero, escalímetro, lápiz y rotring, y de obra controlando zanjas, pilares, jácenas, cubiertas y terminaciones. Entiendo bien de eso.

            Buscaría un solar cerca del pueblo, no es requisito que esté pegado, de trescientos metros cuadrados por ejemplo, a ser posible rectangular, importante que esté soleado, y empezaría por medirlo, levantar el plano, calcular metros cuadrados y tantear el número de viviendas de dos, tres, y cuatro dormitorios y estudios con ático.

            Antes de ir al arquitecto, de entre los varios que conozco el que eligiese, calcularía en un croquis con unos primeros números y trazos varias posibilidades.

            Cuatro plantas de trescientos metros cuadrados cada una equivalen a mil doscientos metros edificables, menos el veinte por cien de zonas comunes quedan novecientos sesenta aproximadamente habitables, que divididos en módulos de cincuenta metros nos da veinte módulos en números redondos. Podrían salir por ejemplo dos viviendas de alrededor de ciento cincuenta metros con cuatro dormitorios, cuatro de ciento treinta con tres dormitorios, dos de noventa con dos dormitorios, y dos estudios de cuarenta metros con terraza. Dos baños, cocina, recibidor, balcón, y galería las llevarían todos excepto los de un dormitorio que no llevarían recibidor ni segundo baño.

            El lugar que ocupasen los diferentes tipos de vivienda en altura sería una cuestión no sólo económica si no social. Las que están bajo los áticos serían compensadas con amplios y profundos balcones, por ejemplo, resultando más económicas, mientras que los áticos gozarían de una vista privilegiada, incluso se podrá ver el mar, y en contra serán de mayor coste.

            El arquitecto sabe más respecto a lo que conviene para un reparto equitativo y atendería sus consejos. Yo me ocuparía de cuidar los intereses económicos y sin restar calidad a la construcción, pedir imaginación, optimización y austeridad.

            La utilidad para los usuarios, la comodidad, y la optimización de recursos naturales, por ejemplo la luz o la insonoridad, o la transmisión de temperatura, serían cuestiones fundamentales que el tendríamos en consideración. La ubicación de un único patio interior amplio que favoreciese la entrada de los rayos solares y la luz más que dos pequeños, por ejemplo, o la profundidad de los balcones que dan al sur, que les permiten entrar hasta el fondo de la habitación en el invierno, y ni medio metro de la cornisa en el verano.

            La propuesta de colores para la fachada en tonos pasteles, oscilando entre azules y ocres, que en el verano ayudan a conservar la temperatura interior y cuyos costes son menores que cualquier cerramiento cerámico.

            Con él sé que no tendría ningún problema y que ambos nos entenderíamos a la perfección logrando una buena distribución, una elegante fachada y en definitiva un buen trabajo, después de todas las vueltas y consejos y reuniones que hiciesen falta.

            Iría a hablar con un banquero, y a contactar con inmobiliarias y potenciales compradores, explicando el proyecto para en el momento de empezar tener ya algunos apoyos, y la garantía de que al menos un veinte por cien está vendido después de ejecutada la cimentación.

            Hipotecaría los inmuebles de mi herencia al banco para obtener el préstamo sin demasiadas consideraciones, con la confianza de que la finca atraerá compradores por sí misma, por su situación, fachada, orientación, distribución, y precio. Y me encargaría de buscar las cuadrillas convenientes para cada fase de ejecución del proyecto.

            Al de la pala para excavar las zanjas y zapatas de cimentación; a los del hierro para hacer y colocar los cercos en el armado, y a los del hormigón garantizado y homologado para efectuar el relleno. Tendría un maestro de obra desde el principio para el asesoramiento y la supervisión de cada tarea específica.

            Buscaría después los encofradores y estructuristas para levantar los pilares y los forjados. A cada uno previo presupuesto aceptado, y pagado la mitad al empezar y el resto al tercer día después de terminado el trabajo.

            A continuación, en dos meses aproximadamente, traería dos cuadrillas de oficiales y peones para la realización de la albañilería, tabiquería, colocación de peldaños en las losas, bajantes, montantes, terrazas, cubiertas, casetas de escalera, armarios para contadores, colocación de terrazas y suelos, y todo tipo de terminaciones, hasta que estuviese preparado para pasar cables o tubos, e instalar la electricidad y la fontanería; pintar, terminar la carpintería y montar las cocinas y los baños.

            A cada gremio pediría presupuestos ajustados y eficacia en la ejecución y montaje. Mediría los metros lineales y los calibres de los tubos de cobre al fontanero o los de plástico y los distintos hilos al electricista, antes de ir a hablar con ellos.

            Les pediría precio por metros y cantidad contada de material. Tantos enchufes de fuerza y normales, tantos puntos de luz, tantos interruptores sencillos y tantos conmutadores, tantas cajas, etc, según la tipología de cada vivienda. Tantas de tanto igual a tanto, por tanto, tanto.

            Y lo mismo al carpintero, tantas de tanto por tanto para cada tipo, tanto.

            Con el pintor ajustaría por metro cuadrado de interior o de fachada. Tanto a tal precio y tanto a tal otro, resultado final, tanto, a pagar en las condiciones especificadas.

            Sé que no tendría problema en encontrar a los adecuados. Cuando los mirase el primer día mientras me explicasen los pormenores y los precios ofertados, yo reconocería al que fuese honrado y diligente y cerraría el trato con esos.

            Los planes de seguridad tanto en el interior de la obra como en los cerramientos externos, los andamiajes o las protecciones de fachada, se llevarían en todos los casos según la normativa vigente y sobre todo según el criterio personal de ” antes seguro que expuesto “.

            Desde la calle al pasar por delante muchos la mirarían deseando tener un piso en ella, veinte metros de fachada con dos balcones de ocho metros cada uno de largo por tres de profundo en las dos primeras plantas, y cuatro balcones de casi tres por dos en las dos siguientes, por ejemplo, para terminar en un voladizo inclinado de tejas que diese a las terrazas y áticos, y desde el que poder asomarse los que quieran a ver los campos al oeste o la orilla del mar al norte.

            Yo sé que podría realizar un buen edificio y conseguir a la vez una inversión económica rentable, pero ahora, justo ahora, hay muchas fincas buenas y económicas como esa que digo que haría si en vez de hoy ser hoy, hoy fuese tres años antes.

            O si espero un poco a que se ocupen por la población creciente, también en ese caso podría emprender ese trabajo negocio, u ofrecerme para llevarlo a cabo, sabiendo de antemano que no me resultaría difícil construir una finca.

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Jun 09 2008

Molar

Me gusta la palabra mola y su conjugación, aunque concluya que
aquí molamos muchos de nosotros y otros no molan nada.

            Siento gozo con facilidad al leerla, pronunciarla o escribirla. Hay ocasiones en que me lleno la boca de verbo y se me presenta de inmediato una luz diáfana en un lugar concreto, una arquitectura sintáctica y sistemática a invadir ilusión recreando la vida álgida y las vísceras.

            Mola la comida y la bebida, llena de esperanza, y no mola pasar hambre y sed que atrofian.

            Mola que vivan los niños saludables y alimentados, y no mola que mueran cada cinco segundos uno por inanición.

            Mola que hay inmensos campos de arroz y trigo, y que hay vacas y ganado de sobra para todos; y no mola que a muchos no les llegue nada.

            Yo molo, tú molas, él mola, nosotros molamos, vosotros moláis y ellos quisieran molar.

            Me gusta en particular, quizá porque me inquieta, el condicional, yo molaría, tú molarías, él molaría, nosotros molaríamos, vosotros molaríais, y ellos molarían.

            Pero confieso que no me gusta el pretérito pluscuamperfecto, yo hubiera o hubiese molado, tú hubieras o hubieses molado, él hubiera o hubiese molado, nosotros hubiéramos o hubiésemos molado, vosotros hubierais o hubieseis molado, y ellos también hubieran o hubiesen molado, en caso de haber comido; la conclusión me trae a veces desasosiego.

            No obstante como dije, y por encima de todo, me gusta oírla dicha por mi o por boca de otro. Tal vez sea el sonido de una vocal cerrada seguida de otra abierta lo que seduce al tímpano.

            O leerla escrita de cualquier manera y en cualquier sitio, por ejemplo una vaya callejera, “moláis”, me satisface.

            O como dije escribirla yo mismo de cualquier manera, sobre un tapete con el dedo por ejemplo, marcar las cuatro letras, m, o, l, a, sin dejar más marca que la endeble unos segundos, sin más me gusta.

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May 12 2008

Una duda

Me visitó una duda una tarde, diciendo que sólo venía a verme, ” Buenas tardes, un momento ahora estoy ocupado, no puedo atenderla, por favor espere” le dije según entraba, indicándole que se sentara en el sillón al propósito del despacho.

Se quedó sentada con ademán de estar tranquila, pero ya nada fue igual. Me volvió inquieto…¿ sería algo importante? y al poco dejé lo que hacía para preguntarle a qué se debía la visita, esperando que planteara una cuestión concreta.

- Dígame, ¿qué le trae por aquí? - le pregunté sonriente.

- Quede tranquilo - me dijo afable - no quiero nada, sólo verle y saludarle. Ahora ya está, ya le he visto dudar, ha sido un placer. Me voy, buenas tardes.

Se levantó y salió mirándome, despidiéndose con una sonrisa intrigante.

Pero ya nada fue igual. Me quedé dudando de sus palabras el resto de la tarde, ¿será verdad lo que dijo?, y aún por la noche, cuando estaba durmiéndome, entrando en el sueño, aún me lo preguntaba ¿qué querría?

24/01/05

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