Jul 11 2009
Dejando atrás
Dejando atrás
Volvía hacia la orilla nadando desde cien metros adentro, me di un buen baño, y cuando toqué pie el agua me llegaba al pecho; dejé de nadar y salí andando sobre las piedras rodadas, mientras las olas me daban en la espalda, rizadas o rompientes, y luego en la cintura según ascendía la ligera pendiente.
Cuando me acercaba a la playa, también de piedra rodada y blanca, me golpeaban las piernas con fuerza suave, y recibí los últimos golpes del mar en los tobillos, hechos caricia o beso, de despedida.
Salía con la fuerza de mi familia y mi empresa, empujándome hacia fuera, hacia delante, mientras él, aliado, me ayudaba suavemente.
O atrayéndome.
A veces creo que no es impulso lo que me saca, si no atracción por lo que amo y por mis triunfos…Además, atrás qué dejo ¿El mar inmenso?
Sin embargo, es curioso, sentado en la orilla las olas me aclaman sin discordia “ si quieres entra si no, no entres” parece que dijeran “ …Pero ven”; la atracción, no sabría decir qué empuja, es brutal; me entrego desde el primer momento, lo bebería si pudiera al sumergirme de cabeza, lo saboreo, me lleno de su cuerpo lo que puedo ojala me oxigenase; o hundido lo miro y abrazo, entregándome por completo sin ser infiel…¡Si pudiese quedarme días, sin peligro, con él a solas!
Y braceo adentrándome en su seno misterioso; insignificante le hablo como si no existiese nadie más que nosotros, o digo frases incongruentes que después olvido, y hago preguntas sin importar que responda ¿Porqué burbujeas?
Muchas veces me dejo llevar tumbado en su pecho, un buen trecho, mientras miro al cielo contento con nuestra unión, y al sol alegre, besándonos de vez en cuando con el rumor de las olas, los labios, los ojos o el pelo…
¡Qué gran dicha el empuje y la atracción!
A quien sea, si hay Dios, ya se lo digo: Gracias, gracias ¡qué gran gozo! Gracias, gracias.