Ene 27 2009
Un buen cuento de Slavomir Mrozek
LA REVOLUCIÓN
En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Legué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo…Ah, si no fuera por ese “cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando el vanguardismo es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar del hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez “ cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no lelgué a acostumbrarme al cambio –es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, si no que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.
Slavomir Mrozek (Narrativa del acantilado)
Pues es un curiosa historia, nunca me he planteado dormir en un armario. Ves al final volvió a dormir en la cama, pero bueno por qué no probar “La aventura es la aventura”
Besitos
Gracias por la visita MaríaJesús.
Yo una vez jugando al escondite me encerré y me quedé dormido dentro del armario. Tumbado. Fui el último al que encontraron. Uno había salvado a todos y me tocó pagar.
Pero fue divertido, creo que me gustaba más buscar que esconderme.
Besitos
Qué bueno el relato! Me ha encantado! Tiene un toque de humor brillante! Mmmmm…me inspira a mí otro relato….y a dormir dentro de la lavadora!
Bxussss
Vaya que es bueno y bien tratado. Gracias.
Bxusss
Imagino , al mismo tiempo, las neuronas sin saber si ponerse aquí o…..mejor allí, no, no….en medio, un poquito más allá…….Fabuloso, es fabuloso. Un abrazote.
Sí, eso me pareció cuando lo descubrí. Una genialidad. Gracias por la visita.
Un abrazote