Ene
30
2009
Es del Madrid pero sólo cuando juega en casa, que asiste si puede al encuentro. Cuando juegan en campo contrario le gusta que ganen los locales. Si son extranjeros la cosa es diferente, entonces allí como aquí quiere que triunfen.
Pero aún así, es uno de esos a los que muchos llamarían tonto, o torpe, medio inútiles, raros. Pero le tengo afecto, cuando me llama por teléfono charlamos de lo que encarte, de los nuevos tiempos que nos toca vivir, de familia o de mujeres, y si me pide vernos le hago un hueco y asisto. No me importa si es tomar un café, como si es quedarnos de pie junto al automóvil, contándonos nuestras cosas. Me gusta cómo lo dice aunque nunca creo demasiado sus afirmaciones. De lo que dice que le han contado casi nada, y de lo que dice haber visto la mitad o menos.
Uno que es socio con carnet de un equipo y quiere que ganen además del suyo los otros, que pretende un empate técnico en la liga, no sé, pero no me parece muy fiable. Al margen, si nos pedimos favor y podemos nos lo hacemos, como amigos, en base a la estima sin más.
Ene
29
2009
Me ha parecido oír abrir; un sonido impreciso, podría ser un tecleo ¿Hay alguien ahí? ¿Alguien me está leyendo?
…¿Seré yo que oigo abrir y entrar por todas partes? Como si fuese aire.
Ene
27
2009
LA REVOLUCIÓN
En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa.
Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allá y el armario aquí.
Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver.
Legué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable.
Trasladé la mesa allá y la cama en medio. El resultado fue inconformista.
La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía con la cara vuelta a la pared, lo que siempre había sido mi posición preferida.
Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio.
Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista.
Pero al cabo de cierto tiempo…Ah, si no fuera por ese “cierto tiempo”. Para ser breve, el armario en medio también dejó de parecerme algo nuevo y extraordinario.
Era necesario llevar a cabo una ruptura, tomar una decisión terminante. Si dentro de unos límites determinados no es posible ningún cambio verdadero, entonces hay que traspasar dichos límites. Cuando el inconformismo no es suficiente, cuando el vanguardismo es ineficaz, hay que hacer una revolución.
Decidí dormir en el armario. Cualquiera que haya intentado dormir en un armario, de pie, sabrá que semejante incomodidad no permite dormir en absoluto, por no hablar del hinchazón de pies y de los dolores de columna.
Sí, esa era la decisión correcta. Un éxito, una victoria total. Ya que esta vez “ cierto tiempo” también se mostró impotente. Al cabo de cierto tiempo, pues, no sólo no lelgué a acostumbrarme al cambio –es decir, el cambio seguía siendo un cambio-, si no que, al contrario, cada vez era más consciente de ese cambio, pues el dolor aumentaba a medida que pasaba el tiempo.
De modo que todo habría ido perfectamente a no ser por mi capacidad de resistencia física, que resultó tener sus límites. Una noche no aguanté más. Salí del armario y me metí en la cama.
Dormí tres días y tres noches de un tirón. Después puse el armario junto a la pared y la mesa en medio. Y cuando me consume el aburrimiento, recuerdo los tiempos en que fui revolucionario.
Slavomir Mrozek (Narrativa del acantilado)
Ene
25
2009
Buenos días. Desde hace unos meses estoy pensando poner literatura de calidad en el blog, y hoy me parece oportuno empezar. En particular con un poema corto de Octavio Paz :
EL OTRO
Se inventó una cara.
Detrás de ella
vivió, murió y resucitó
muchas veces.
Su cara
hoy tiene las arrugas de esa cara.
Sus arrugas no tienen cara.
Ene
21
2009
Mi amor por la escritura no tiene premisas, es incondicional dijéramos.
Me da lo mismo escribir en las plumas de un cisne que irme a la deriva mar adentro mientras me permita, en la madera del casco si fuese necesario, seguir escribiendo.
Algunas veces que pienso en el paraíso, en la resurrección futura, rezo: “Jesús. Te lo ruego, te lo suplico, por lo que más quieras, resucítame después de la muerte, y en cualquier hueco con un poco de luz, que pueda ver me basta, déjame seguir haciéndolo…”
Ene
20
2009
La chica del supermercado se sienta a veces en el murito blanco tiznado, cerca de la entrada y de los carros encadenados, pantalón azul marino y camiseta roja, a echar un cigarro, mientras toma el sol, que también es de ella.
Los clientes cada uno mete el suyo extrayendo la moneda, o poniéndola lo saca, antes de volverse hacia el auto o entrar por su compra. Antes o después de extasiarse en las estanterías, desde el tobillo hasta el brazo alzado, de las galletas: redondas, ovaladas, cuadradas, rectangulares; con miel, con chocolate, con fresa y chocolate, integrales, con fibra, enriquecidas, caseras, crujientes, hojaldradas, con coco, etc; o las magdalenas y bizcochos variados; o la de los zumos, o los lácteos, o las frigoríficas de yogures o mantequillas…Etc.
Cada uno a la suya recobrando el sentido de las cosas por lo que dicen las etiquetas, recobrando los principios del mundo allí inmersos, entre otros semejantes, también adentrándose en el misterio de la luz y el silencio, el susurro o el ruido, de los pasillos llenos de alimentos y complementos. Centrados en lo que puede ser suficiente y lo mejor.
Sonríe saludando, cuando alguien al salir o al entrar la mira tragar y echar el humo, sonríe dejando ver sus dientes blancos.
Ene
16
2009
Cada vez que considero, cada vez que mido, cuando calibro y sopeso, la trayectoria de mi escritura me satisfago, y amo. Como narciso. Pero para mis adentros me pregunto ¿Y en lo personal, fuera de la literatura, cómo estamos?
A vosotros os lo confieso…Es tremendo, el equilibrio es fantástico. Medio floto, medio me sumerjo.
Recuerdo con frecuencia lo que escribí una vez hace años (de vez en cuando lo releo, sin poder recrearlo) porque dije entonces, lo que algunos días aún me digo, exactamente.
“A veces creo que lo que escribo vale más que yo; otras que yo más que lo que escribo; otras que ambos; pero otras que ni yo, ni mi escritura, valemos mucho…”
Desciendo un poco como digo, y enseguida subo.
Y es el corazón, que ama cuando le da la gana.