Dic 12 2008
Suena el teléfono.
Suena el teléfono portátil pero no acepto la llamada porque dice número privado en la pantalla, sin mostrar los dígitos. No me gusta la identidad oculta ¿Porqué lo hacen, piensan que les voy a llamar, que voy a archivar el número en mi agenda y molestarles? Quizá es por economía, una línea que sólo envía pero no recibe llamadas tal vez tenga una tarifa más económica.
De todos modos creo que sé quién es, la última que vez que acepté una llamada de esas era una joven que quería venderme un producto telefónico, una nueva compañía que abría sus puertas con extraordinarias ofertas pensadas para los tiempos difíciles; en el fondo siento admiración por las empresas que se preocupan de los intereses de los ciudadanos en general y del mío en particular, me gustan y agradezco que existan, es más si no existiesen habría que crearlas, pero aún con esas, no me gusta moverme cuando estoy bien en un sitio, ni aunque pueda ahorrarme unas monedas.
Soy ese tipo de personas que da un valor abstracto al dinero, lo mismo vale todo como no vale nada. Creo que podría estar meses con sólo alimento y cobijo para descansar, sin cobrar un céntimo trabajando para ayudar a necesitados, lo mismo que engañar al banco con una falsa firma, por conseguir un capricho.
Me gustaría vivir en una cabaña al sol unos años sin teléfono, sólo que viniesen a visitarme; con un camastro y una chimenea para en las tardes de invierno prender el fuego, eso sería bastante; alimentarme de pan, alubias, las verduras que cultivase en un huerto y bajar de vez en cuando al pueblo por pollo o huevos, para volver después a entregarme otras cuantas semanas a trabajos artesanales.
Tanto como tener un barco de pasajeros, copropietario, e ir una temporada a navegar alojado en una suite atendido como dueño; generoso con todos en sonrisas y paciencia, pero exigente con las obligaciones. Estar al lado del capitán en ocasiones en el puente de mando, observando cuando le diesen las novedades y tomase directrices, qué parámetros y notas y rumbos señala en la carta, lo mismo que si atravesáramos una borrasca y el mar se enarbola. Con la presencia mostrar confianza, y de decir algo poco:
-Capitán…Los pasajeros.
A veces creo que no me importaría terminar mis días perdido en una tempestad, hundido en la bravura del mar, cuando todo alrededor estuviese inundado de agua morir.
Por unas monedas no me cambio, se lo dije, pero tanto insistió que acepté pensarlo una semana y que me volviese a llamar; no sé qué decirle “¿Pero no quiere usted pagar menos? Aunque sea unas monedas cada mes…¡Al final del año son un puñado¡ “
Dice cosas así y me hacen sentir idiota si me niego “¿Quiere, le gusta a usted pagar más?” Me pregunta.
No quiero parecer estúpido y no voy a contestar, si por una de aquellas me conociera o me encontrase por la calle qué pensaría…Tal vez que soy idota.
Hay temporadas que acepto y escucho a quien me habla, a veces diez minutos en los que apenas digo sí unas cuantas veces, o ajá, mientras en el otro lado se desarrolla un discurso irrefutable al que sólo cabe oír con atención, y comprensión si se es educado, o colgar si además de serlo se tiene prisa.
“A usted le conviene invertir con nosotros ¿Es su dinero no es así? Auque empiece con poca cantidad nuestra gama de productos es tan extensa que podemos ofrecerle por ejemplo en el mercado de futuros un alto riesgo y en unos meses, en un plazo de seis, doblar su dinero ¿Eso es interesante no es verdad? Estamos comprando café en Suramérica porque la cosecha en Asia está arrasada este año, el precio se duplicará sin duda en breve ¿No querría comprar con la garantía de doblar en poco tiempo el precio de inicio? ¡Es muy interesante¡ ¿No lo le parece a usted?… - Pero señorita no tengo dinero para invertir…- ¡No se preocupe, nosotros se lo prestamos, usted sólo tiene que unirse a nuestro grupo con sólo unas monedas para comenzar, y aceptar el contrato que pronto le hará dueño de un gran negocio…¡”
Despedir a alguien así cuando no interesa puede convertirse en una grosería, sin duda la mejor atención es colgar y no contestar si vuelve a llamar.
El tema, en el fondo me gusta que me llamen, está en que a veces las llamadas son interesantes ofertas variadas que a tipos como yo nos gusta oír si tenemos tiempo. Después pensar y otro día, que nos vuelvan a llamar.
Vaya¡ para cuánto da una llamada telefónica en la mente de un escritor. Sabes a la cabaña y al barco me apunto pero a recibir otra llamada de esas noooooo. Es interesante lo que has escrito, me gusta.
Besos.
Me alegra tu visita y comentario, gracias lunaazul. Besos
Muy.. muy interesante la manera de estirar una simple llamada de esas que sólo sirven para incordiar y que nos esforzamos en atender y contestar lo mas amable posible y que dure el menor tiempo posible y procurando, en lo posible, no hacer que el interlocutor se sienta mal por nuestra contestación. Que no nos llamen los que quieren sacar provecho de nosotros, que nos llamen los que nos quieren. Un abrazote.
Siempre me olvido de algo….Qué bonita la sencillez de esa soledad que te gusta. Pertenezco al gremio. No hay nada como lo simple. Y aprovecho para darte otro abrazote.
¡Ya no sé qué decir para agradecerte los comentarios¡ ¡Que los sigas haciendo¡
Un abrazote.