Dic 31 2008
Feliz 2009
¡Feliz noche vieja¡
¡Feliz año nuevo¡
¿Que voy a decir yo?
¡Feliz dos mil nueve¡
(Iba a escribir sobre la república presocrática, y el absolutismo, Atila y otros pero qué va, ¡Eran todos unos chalados¡ Ni hablar)
Dic 31 2008
¡Feliz noche vieja¡
¡Feliz año nuevo¡
¿Que voy a decir yo?
¡Feliz dos mil nueve¡
(Iba a escribir sobre la república presocrática, y el absolutismo, Atila y otros pero qué va, ¡Eran todos unos chalados¡ Ni hablar)
Dic 30 2008
Un buen cuento de Haroldo Conti, que descubrí en el blog de Esteban Gutierrez El Laberinto de Noé.
Gracias a ambos, escritor y divulgador. Que lo disfrutéis:
Dic 29 2008
Don Luis llenaba el cenicero de ducados apagados a medio fumar, y lo vaciaba un par de veces en la papelera durante las mañanas. Se sentaba en su mesa colocada en el centro de la clase sobre una tarima, bajo un crucifijo y un cuadro del generalísimo en la pared a su espalda, y apenas se levantaba durante para poner en la pizarra a su izquierda los ejercicios de matemáticas que debíamos realizar, o preguntar el catecismo.
En el tiempo de matemáticas solía ponernos dos divisiones de entre seis y ocho cifras en el dividendo y cuatro o cinco en el divisor; dos multiplicaciones, otra vez entre seis y ocho cifras para multiplicar entre otras cuatro o seis, y dos sumas de cuatro hileras con ocho o diez números cada una, de modo que la negra pizarra quedaba llena con seis ejercicios que nos llevaban resolver entre una hora u hora y media, y que aprovechaba para fumarse medio paquete de medios ducados y leer y releer el periódico. Creo que ni una sola vez fui capaz de obtener un bien en todos los ejercicios, y ni una me libré de uno de los coscorrones que daba con los nudillos en la cabeza con cara de asco diciendo “Toma por burro”.
Lo peor no obstante era cuando en clase de religión preguntaba el catecismo. Solía en esas ocasiones bajar de la tarima y recorrer los pasillos con una vara de madera en la mano, ancha como el mango de un hacha y larga unos treinta centímetros, observando cómo todos leíamos en silencio, y según le parecía se paraba y preguntaba.
Un día se paró junto a mí:
-A ver tú, Antoñito, si te has aplicado esta vez, contesta ¿Qué es ser cristiano?
El miedo de pensar en los duros varazos que pegaba a quien no respondía me bloqueó de tal modo que no fui capaz de contestar:
-Ser cristiano es…
Esperó unos segundos y volvió a preguntar
-Contesta de una puñetera vez ¿Qué es ser cristiano?
-Ser cristiano es…
No era capaz de decir nada más, temblaba, el miedo me paralizaba y me impedía recordar la respuesta exacta, literal del cuadernillo catecismo que teníamos.
-¡Pon la mano¡ Dijo enseguida
No me atrevía y me quedé quieto como el pupitre
-¡Pon la mano o te daré en la cabeza¡ Dijo subiendo la vara hasta más arriba de la suya. Saqué la mano izquierda con la palma abierta hacia arriba, encogí el cuerpo y miré hacia la derecha a mi compañero esperando que me atizara y, no tardó ni dos segundos.
Me sacudió y volvió a decir amenazante “Mañana te volveré a preguntar”
Recogí la mano ardiendo me tragué las lágrimas y callé.
Para el día siguiente llevaba la respuesta aprendida pero no me preguntó.
Tenía diez u once años cuando hice aquel curso fatal en que aprendí a odiar, y cuando terminó pude dejar la escuela para pasar los dos siguientes cursos en el instituto.
Repetí el primero de bachillerato y la segunda vez con nueve suspensos, todas menos la educación física, dejé definitivamente las clases, no era capaz de estudiar, y empecé a trabajar como pinche de cocina en un restaurante.
Pocos años después, al final de la adolescencia, quizá para aliviar aquel trauma busqué aprender sobre la humanidad y el mundo y encontré entre otras las teorías de Bakunin, Kropotkin y Marx, que me cautivaron, y pocos años después leí los evangelios en los que aprendí qué significaba ser cristiano llevándome a admirar a Jesús.
Entonces entendí que ser cristiano era entre otras cosas, luchar para que monstruos como aquel tipejo dejasen de tener credibilidad cuando no autoridad.
Aquel cretino me hizo odiar todo lo que viniese de él incluidas las matemáticas, los nombres de las cordilleras españolas, los ríos, la historia y la noción de sociedad que imponía el régimen del caudillo que él defendía.
Afortunadamente como digo, la lectura de las teorías anarquistas y comunistas, así como el descubrimiento posterior de la predicación del Mesías, me ayudaron a construir los cimientos del edificio emocional e intelectual en el que hoy camino y descanso con libertad y tranquilidad: me ha costado mucho pero conseguí dejar de odiar incluso a los enemigos, y en particular al desdichado energúmeno de D. Luis.
Dic 26 2008
Por fin se rompió el jarrón que teníamos (mi padre y mi hermano lo adoraban) sobre un mueble en el salón comedor de casa, presidiéndolo todo.
Fue cuando lo estampé contra el suelo, en un arrebato de ira, para terminar la discusión con mi hermano: lo último que me llamó fue “desgraciado, miserable”.
Tirarlo contra las baldosas y destrozarlo fue sustitutivo de romperme yo, o abrirme en canal, cosa que me gustaría hacer cuando alguien, otro, dice gritando lo que en silencio me digo a mí mismo.
-Chulo, chulo asqueroso- le contesté antes de tirar mano a destrozar lo más valioso que había en casa: el hermoso jarrón de porcelana inglesa, azul celeste con escenas de caza en burdeos, del siglo XVI.
Él gritó llamando a mi padre, mientras se echaba las manos a la cabeza y yo salía dando un portazo hacia la calle pensando no volver jamás. Me creo que ambos se convencieron de inmediato que habían tenido una pérdida insustituible.
Dic 24 2008
Lo que pienso de la Navidad, natividad, no lo voy a decir porque no quiero fastidiarme la cena ni perder los regalos que me traerá Papá Noel. Prefiero disfrutarla: de aperitivo gambas plancha y langostinos hervidos acompañados de salsa tártara, crema de espárragos de primero, entrecot en salsa de champiñones con verduras plancha como guarnición de segundo, fondú de chocolate caliente con frutas del tiempo para el postre, y turrón y panellets de piñones para acompañar la sobre mesa y el champán.
Además, no sea que se moleste el gordito, no quiero perderme la nueva Nintendo, los discos, el blue Berry y la nueva cazadora que pedí.
Si digo lo que pienso podría ponerlo en riesgo y no, no quiero hacerlo…¡Es todo tan hermoso y bueno¡
Pondría en evidencia hasta el cariño con que viene Patricia la cocinera a casa a preparar la cena. Si dijese a mis padres y hermanos que me molesta esa pompa y que deberíamos celebrar precisamente la manifestación de lo sencillo, humilde y solidario que Dios nos predica pues…Volverían a decirme bicho raro y no, no pienso decir lo que pienso además, me interesa que las cosas sigan como están.
Eso sí, mis mejores deseos para pasar la noche buena y la navidad a todos sin excepción, incluso a los reos en las cárceles, y que dure, que dure el espíritu navideño mucho tiempo y el champán, por lo menos hasta la pascua que empecemos con los helados, el surf y los vaqueros para la tarde noche. Prefiero que piensen que por dentro y por fuera yo también soy bueno.
Feliz navidad y mis mejores deseos: que el niño Jesús si nos ve, nos comprenda y tenga misericordia de nosotros.
Dic 17 2008
Apreciados amigos y visitantes de mi caso, llevo unos días sin publicar y quizá esté algunos más, la razón : cansancio y crisis, a todos llega, aunque en este caso sea emocional e intelectual.
Espero que no sea larga y pronto pueda compartir textos y contar con vuestro apoyo, afecto, y comentarios.
Gracias a todos y hasta pronto.
Dic 12 2008
Suena el teléfono portátil pero no acepto la llamada porque dice número privado en la pantalla, sin mostrar los dígitos. No me gusta la identidad oculta ¿Porqué lo hacen, piensan que les voy a llamar, que voy a archivar el número en mi agenda y molestarles? Quizá es por economía, una línea que sólo envía pero no recibe llamadas tal vez tenga una tarifa más económica.
De todos modos creo que sé quién es, la última que vez que acepté una llamada de esas era una joven que quería venderme un producto telefónico, una nueva compañía que abría sus puertas con extraordinarias ofertas pensadas para los tiempos difíciles; en el fondo siento admiración por las empresas que se preocupan de los intereses de los ciudadanos en general y del mío en particular, me gustan y agradezco que existan, es más si no existiesen habría que crearlas, pero aún con esas, no me gusta moverme cuando estoy bien en un sitio, ni aunque pueda ahorrarme unas monedas.
Soy ese tipo de personas que da un valor abstracto al dinero, lo mismo vale todo como no vale nada. Creo que podría estar meses con sólo alimento y cobijo para descansar, sin cobrar un céntimo trabajando para ayudar a necesitados, lo mismo que engañar al banco con una falsa firma, por conseguir un capricho.
Me gustaría vivir en una cabaña al sol unos años sin teléfono, sólo que viniesen a visitarme; con un camastro y una chimenea para en las tardes de invierno prender el fuego, eso sería bastante; alimentarme de pan, alubias, las verduras que cultivase en un huerto y bajar de vez en cuando al pueblo por pollo o huevos, para volver después a entregarme otras cuantas semanas a trabajos artesanales.
Tanto como tener un barco de pasajeros, copropietario, e ir una temporada a navegar alojado en una suite atendido como dueño; generoso con todos en sonrisas y paciencia, pero exigente con las obligaciones. Estar al lado del capitán en ocasiones en el puente de mando, observando cuando le diesen las novedades y tomase directrices, qué parámetros y notas y rumbos señala en la carta, lo mismo que si atravesáramos una borrasca y el mar se enarbola. Con la presencia mostrar confianza, y de decir algo poco:
-Capitán…Los pasajeros.
A veces creo que no me importaría terminar mis días perdido en una tempestad, hundido en la bravura del mar, cuando todo alrededor estuviese inundado de agua morir.
Por unas monedas no me cambio, se lo dije, pero tanto insistió que acepté pensarlo una semana y que me volviese a llamar; no sé qué decirle “¿Pero no quiere usted pagar menos? Aunque sea unas monedas cada mes…¡Al final del año son un puñado¡ “
Dice cosas así y me hacen sentir idiota si me niego “¿Quiere, le gusta a usted pagar más?” Me pregunta.
No quiero parecer estúpido y no voy a contestar, si por una de aquellas me conociera o me encontrase por la calle qué pensaría…Tal vez que soy idota.
Hay temporadas que acepto y escucho a quien me habla, a veces diez minutos en los que apenas digo sí unas cuantas veces, o ajá, mientras en el otro lado se desarrolla un discurso irrefutable al que sólo cabe oír con atención, y comprensión si se es educado, o colgar si además de serlo se tiene prisa.
“A usted le conviene invertir con nosotros ¿Es su dinero no es así? Auque empiece con poca cantidad nuestra gama de productos es tan extensa que podemos ofrecerle por ejemplo en el mercado de futuros un alto riesgo y en unos meses, en un plazo de seis, doblar su dinero ¿Eso es interesante no es verdad? Estamos comprando café en Suramérica porque la cosecha en Asia está arrasada este año, el precio se duplicará sin duda en breve ¿No querría comprar con la garantía de doblar en poco tiempo el precio de inicio? ¡Es muy interesante¡ ¿No lo le parece a usted?… - Pero señorita no tengo dinero para invertir…- ¡No se preocupe, nosotros se lo prestamos, usted sólo tiene que unirse a nuestro grupo con sólo unas monedas para comenzar, y aceptar el contrato que pronto le hará dueño de un gran negocio…¡”
Despedir a alguien así cuando no interesa puede convertirse en una grosería, sin duda la mejor atención es colgar y no contestar si vuelve a llamar.
El tema, en el fondo me gusta que me llamen, está en que a veces las llamadas son interesantes ofertas variadas que a tipos como yo nos gusta oír si tenemos tiempo. Después pensar y otro día, que nos vuelvan a llamar.