Entradas del mes Noviembre, 2008

Nov 16 2008

Sobre el café con leche y determinada compañía

Publicado por Ciertamente en Mi caso

Si estoy con alguien y le da un empujoncito sin querer a la mesa y derrama un poco del café con leche que estoy tomando al platito, normalmente no me sentiré molesto, seguiré amable y cordial como antes; pero si el empujón es más fuerte y el líquido salpica la mesa y se derrama por los bordes inundado el plato, empezaré a sentirme molesto, y si no me ayuda a limpiarlo me daré además por molestado. Sería fácil que me levante y me largue. Ahora bien, si por una de aquellas aguanto y vuelve a dar un tercero, intencionado a derramarlo, apenas quedará café en la taza, pero el que haya se lo echaré por la cabeza, y me iré sin explicaciones.
Estar tomando un café con leche tranquilo y lo estén derramando adrede una vez, y otra y otra, lo siento, no lo soportaría tan pancho.

Eso sí, hasta el momento de escribir ésta página, nunca me ha sucedido caso semejante, la suerte siempre me convocó con compañía educada cuando no amable, cuando no entrañable.

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Nov 12 2008

Dubitación momentánea sobre el blog y un servidor

Publicado por Ciertamente en Diario

Cuando llegué a pensar que el blog podía ser un problema, una obligación, una presión más, me dije ¡Que le den morcilla al blog¡ Y así de pronto sin más estuve dispuesto a dejarlo ¡Hasta ahí podíamos llegar¡ ¡Bastante lucho contra los míos como para encima tener que abrir más frentes de batalla¡ Ni hablar.
El caso es que poco después me lo replanteé: si es al contrario me dije, si lo hice por placer, para el placer, y para pregonarlo, para verter en él cuanto hiciese falta, para desahogarme de manera placentera sin tener que dar explicaciones a nadie ¡Pero si es tabla de salvación¡ ¿Para qué lo hice si no? Y cambié la intención de nuevo cuando al final, entre tanto barullo definí una línea dividiendo las bases: lo que era, de lo que no era. Las resumo así:
Sufrimiento cero. Parálisis cero. Bloqueo cero. Preocupación cero.
Placer por escribir más uno. Placer de dudar más uno. Placer de pavonear un poco, más uno. Placer de distorsión, otro. Placer de compartir más dos.
Al final, todo en un momento, decidí que sigo, que qué narices si es una suerte que haga frío o nieve o llueva o pasen meses.

Lo que importa es el instante, poder escribir cada momento y guardarlo o entregarlo para cuando una visita llegue.
Y concluí que espero seguir un buen rato aquí escribiendo, complaciente o como sea, con los que quieran.

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Nov 11 2008

Manifiesto por el cuento

Publicado por Ciertamente en Literatura

Algo que descubrí dándome un auténtico placer haber descubierto.

Manifiesto por el cuento. Esteban Gutiérrez Gómez

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Nov 11 2008

Sobre un día que no protegí el suelo al pintar las paredes.

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Encima de la mancha ocre del tamaño de una uña de pulgar que debió quedar del año que lo pinté por segunda vez, salmón suave, creo que hace dos años, cayó una gota de la pintura plástica celeste, que le estaba dando.
Lo advertí cuando después de pintar, agachado, pasaba la espátula rascando y limpiando las grises baldosas del suelo: bajo la recién caída se apreciaba una seca, aplastada en un marrón gastado y tenue.
La nueva, menor que una lenteja, parecía una burbujita brillante, perfumada y fresca, abrazada a la sequedad pálida de la vieja; medio astro liso de azul cielo sobre tierra.
Era cosa fácil pintar el despacho, para que tengan idea cuarenta metros cuadrados pintadas las cuatro paredes; para evitar cálculos extravagantes piensen en un cuarto de algo más de tres por cuatro, quince metros cuadrados transitables, por casi tres hasta el techo de escayola, cuarenta y pocos metros cúbicos, que como decía era lo más natural pintar al trasladarme allí e instalarme a trabajar.
En definitiva destacaba la importancia en lo insignificante. No era nada, allí como si no existiera meses y meses, bajo un mueble librero con cajones.
Al apartarlo y quitar el zócalo le llegó la luz, quedó vista y justo, como si de la causalidad fuese muestra, o del azar, la una acabó sobre la otra.
Llegué a pensar si sería un beso de lo nuevo a lo viejo, un abrazo del brillo a la palidez, o un guiño de la nada a la lógica, pero en definitiva creo que no, que fue una gota suelta caída desde el rodillo, por casualidad, sobre la que había.

Naturalmente por si acaso, no quise rascar.

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Nov 10 2008

La traducción del misterio

Publicado por Ciertamente en Inflexiones


La traducción del misterio es que no tiene traducción posible, no hay varios enunciados, hay miríadas, incontables y por tanto…Ni siquiera se puede explicar ¡Que más quisiera yo que poder ofrecerles a ustedes en unos renglones una revelación global, traducible a todos los idiomas¡

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Nov 08 2008

Merienda y escritura

Publicado por Ciertamente en Diario

Dos de las cosas que más me gusta hacer son escribir y merendar, si bien la escritura es la que menos complicación y más placer me aportan.
A veces cuando me pongo a preparar la merienda, hacerme el café con leche, tengo que fregar un vaso, o vaciar ya que estoy el lavavajillas, o peor aún, despejar el banco de la cocina de calderos, sartenes o restos. Pero eso no es todo, no pocas veces cuando vierto el café recién salido de la cafetera o la leche desde el brik, se derraman uno u otro y tengo que limpiar antes de salir a la mesa con las galletas y sentarme tranquilamente a tomarlo. Y no pocas veces cuando voy a coger la bayeta del fregadero está sucia y pringosa. Cuando estoy relajado y de buen talante, sin hacer ascos abro el grifo, echo jabón, extiendo y desenredo el paño y lo lavo frotándolo contra si mismo y contra las manos, hasta que queda limpio, con la aspereza natural del tejido, y se la puede tocar sin que se queden las manos grasientas y pegajosas. Muchas veces lo hago así, empleo cinco minutos en ello, pero al ir a sentarme a merendar la satisfacción de tener el banco y sobre todo la bayeta limpios, por una decidida y adecuada intervención mía, me hacen sentir una doble satisfacción.
Otras veces, no me importa confesarlo, el talante me traiciona o el genio me saca las malas ganas de hacer nada, y con las puntas de los dedos de una mano, evitando mancharme las palmas, la cojo y la paso por donde cayó el líquido, y tal como la cogí la tiro de nuevo al fregadero, más sucia que antes, encima de lo que haya.
Cuando escribo sin embargo no ocurre nada de eso, con una ceremonia sencilla, tomar el portátil, la carpeta con folios, y dos bolígrafos, me voy al balcón o al despacho y nada hay que me moleste, ni manche, ni disturbe, ni obligue. Escribo lo que quiero y muestro de ello lo que me da la gana, disculpen la expresión que parece jactanciosa, sin nadie me pida ni impida y sobre todo, lo que más me gusta, mientras lo hago el apetito va aumentando. Después de varias horas de escribir vuelvo a pensar en la cocina y en el alimento.
También es verdad que me gusta hacer la cena, y eso sí, mantengo una dinámica muy distinta a la que empleo en la merienda. Cuando hago la cena antes de empezar propiamente a manejar la comida, me empleo en la limpieza previa, despejo el banco, limpio la bayeta y la paso si quedó manchado de la merienda, vacío o lleno el lavaplatos, friego lo que haya quedado en el fregadero, y una vez todo ordenado aseado y despejado, me pongo a elaborar los alimentos.
Reconozco que vivir así, merendando bien, cenando y escribiendo, es una suerte que puedo disfrutar y una dicha que algunos no saben ni pueden aprovechar.
Pero sobre todo, al margen de la comida, lo más hermoso que me ocurre es sentarme con la pantalla o los folios en blanco, e ir vertiendo, sin manchar, ideas o sentimientos que limpios o sucios, ni pringan ni dejan manchan.
Hay otros menesteres, y ya termino, que también producen placer y bienestar, en los que aunque se vierta, se ensucie incluso pringue, la madre naturaleza los hizo incuestionables, y saludables, cuando no indispensables. Pero esos merecen otro tratamiento.
Termino ya pero quiero aclarar que en mi caso, tanto los placeres como los sinsabores, cuando los escribo, cuando los intento narrar, ganan y nunca pierden.
El sabor que dejó ya lo tomó el cuerpo o el alma, el corazón o el cerebro, pero al escribirlos, quedan presentes y tal vez frescos para que de nuevo de alguna manera, vuelvan y nos alimenten o nos animen. La comida o el beso de ayer nos dejarán cuanto poco un recuerdo, y de tenerlo escrito, sin duda nos ayudará y será un aliciente para ir de nuevo a buscarlo.

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Nov 07 2008

Inflexión emotiva y ecológica

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

Inflexión emotiva y ecológica sobre la comida, la felicidad, y las pobres perdices…Referido todo ello a una vieja y popular frase que decía de alimentarse con las mencionadas aves.

¿De verdad quieren ser felices? ¡Pues sean comiendo perdices¡

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