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Oct 29 2008

¿Reflexionar?

Publicado por Ciertamente at 11:47 en general

Hace unos cuantos años me metí en la compra de un piso, y naturalmente en una hipoteca, veinte millones en total incluido escritura e impuestos. Al año eso mismos pisos se vendían en veinticinco millones, dos años después en treinta, y dos años más tarde en treinta y cinco…la previsión era que pronto su precio serían cuarenta millones.
En cinco años se duplicó el precio de los pisos.
Además de creerme inteligente tenía la sensación de haber llegado al lugar adecuado en el momento oportuno. Me sentí satisfecho, casi alardeaba de haber conseguido ganar en cinco años lo que un operario ganaba en diez trabajando todos los días laborables sus ocho horas diarias; lo que me ocurría, sin duda, era maravilloso.
En la finca donde lo compré hubieron muchos que compraron varios pisos y los fueron vendiendo al poco, obteniendo importantes beneficios que reinvirtieron comprando otros inmuebles. El chollo, digámoslo así, era evidente, claro y limpio. Comprar a veinte millones y vender en poco tiempo a treinta. Además hubo quien compró a veinte y vendió a cuarenta, de modo que en pocos años hizo una enorme fortuna.
Pero al margen de esos especuladores ¿se les puede llamar así? Los que fuimos normales y compramos para vivir en casa propia sin más, tuvimos una suerte que otros, muchísimos otros, sólo soñaban.
En mi trabajo compré también mercancía a diez, pongamos por ejemplo, para venderla a veinte, cuando no a treinta, siendo además que quien compraba encontraba adecuado el precio. Volví a comprar a veinte y vendí pronto a treinta y cinco…el mundo, la vida, era maravillosa, casi a medida.
Hice viajes de turísticos, derroché, gasté incluso en lo que no debía, alimentando con abundancia algunos vicios que no diré, y por si faltaba algo, con sólo decir “sí quiero” tuve tarjetas de crédito, financiación para muebles, automóviles, electrodomésticos, etc, etc, etc. En una palabra, durante unos años, pedir era obtener.
Alguna vez miraba atrás, al sur, y veía cómo otros no tenían no ya comodidades, si no que les faltaba, no tenían, ni para comer, pero sin entretenerme ni distraerme de lo que el futuro me ofrecía, volví enseguida a mirar para delante, hacia el norte.
(Confieso que a pesar de ello la felicidad seguía siendo una carencia, pero sin llegar a ser meta porque…a pesar de todo no la siempre faltaba algo, o sobraba, de modo que llegué a pensar que la obtendría otro día, quizá cuando tuviese pisos que poder revender o alquilar…)
El caso es que sin haberme dado cuenta de lo mucho que tenía, y de la gran suerte que me respaldaba los días y los meses, o los años, pasaban como si tal cosa, como si de pronto no hubiese que preocuparse por nada ya que la vida y la sociedad en la que estaba me daba todo, sin demasiado esfuerzo.
No sé si tarde o pronto, el mundo empezó poco a poco a cambiar; se notaba entre una cierta abundancia, otra inequívoca carencia; la mayoría ya empezaban a dejar de comprar con aquella alegría primera y se empezaron a oír voces que hablaban de carencia económica, de que los dos sueldos de una pareja o matrimonio eran necesarios para llevar la familia adelante, y cuando uno faltaba ya no se podía continuar. Empezó a oírse que miles llegaban buscando cobijo y comida desde aquel mundo pobre y escaso, hasta éste abundante y rico.
Empezó a oírse que habíamos llegado a un meta, y que los negocios empezaban a ser más pausados, y los beneficios menos abundantes.
Empezó a sentirse que las obras, la construcción, y los trabajos relacionados estaban sobrados; claramente por encima de la demanda, la oferta. Empezó a saberse que en algunos lugares los precios ya no se sostenían y se dejaban de incrementar los beneficios.
Se oyeron muchos casos de codicia desmedida, o de fortunas desorbitadas hechas en pocos, muy pocos años, con mucha, despiadada especulación.
Empezó a saberse que los “normales” ya tenían la deuda, como si de agua se tratara, más arriba de la tráquea, cerca de la boca.
Y empezó a llegar la carestía y a verse que las compras, tanto de inmuebles como de mercadería doméstica, como de productos de consumo superfluos, descendían.
Yo mismo en mi negocio empecé a notar que las ventas ya no eran lo halagüeñas que antes eran, y que los bolsillos de muchos empezaban a estar vacíos.
La sociedad estaba cambiando. Una breve pausa decían muchos, tal ven un año de adecuación, y nada más, pronto todo volverá a ser como hasta ahora lo estaba siendo…
Lo demás llegó al poco. Los carteles de se vende empezaron a brotar como las setas en otoño después de la lluvia. Los descensos en las ventas, en general de todos los negocios y comercios, empezaban a sentirse de una manera más que sensible, notable.
Poco a poco pero sin pausa, la inercia seguía, y el descenso continuaba imparable señalando una línea roja inclinada como las cubiertas o tejados. En pocos meses la voz ya era de alarma pero no venía desde arriba hacia abajo, si no al contrario, de la gente normal subía hacia los que manejan la economía ¡No podemos comprar más, nuestros bolsillos se vacían¡  ¡ Antes de cobrar el sueldo está empeñado¡
…Ustedes saben todo lo demás, y yo también, pero a lo que iba ¿Acaso pensé que aquella suerte era necesario compartirla con quienes no me aportasen nada?
¿Acaso pensé en tener alguna consideración con aquellos que apenas podían comer arroz algunos días? ¿Me privé de placer o lujo para colaborar o ayudar a quienes poco o nada tenían? ¿Pensé en que mi abundancia era posible compartirla una pizca con los que nada podían?
Debería sentir vergüenza de lo que puedo contestar “Cuando me sobre más ayudaré …” solía contestarme
Queridos amigos, no pretende ser este escrito una evaluación moral ni sobre mí ni sobre mis semejantes. Si tuviese que señalar con el dedo a alguno, yo debería ser el primero sobre el que colocar el índice.
En realidad no pretendo nada en particular, y si de encontrar una moraleja o apuntar hacia un sentido se tratara, tampoco soy capaz de marcar o indicar hacia aquí o hacia allá.
Como dije, muchas veces miré atrás, pero mi inclinación natural es mirar e ir hacia adelante. Si hubiese una pregunta, si hay una pregunta que cabe hacerme, sería la siguiente ¿Cuál es el norte, cuál el camino para ir hacia adelante?
Se me ocurre una contestación primera e inmediata: terminar de pagar el piso lo primero, dejar lo que sobra y sobre todo los lujos y vicios, y después, cuando mire atrás, detenerme a reflexionar.
Amigos, queridos amigos que entráis a leerme al blog, salud y suerte.
Acordaos como yo, y alentaros, que comer, vestir y tener donde cobijarse es un derecho que no debería ser de unos pocos, si no de todos, y en cualquier caso, los que lo tenemos, por sólo eso, deberíamos estar contentos y satisfechos ¿Tal vez convendría, insisto yo el primero, recordar que hay un detrás, y reflexionar?

2 Comentarios to “¿Reflexionar?”

  1. TuSeguidorael 28 Jun 2009 a las 15:36

    Ay Ciertamente…..permíteme que en esta ocasión no haga comentario alguno, me duele tanto el alma”.

    Abrazote.

  2. Ciertamenteel 29 Jun 2009 a las 2:31

    Abrazote, no me acordaba de este texto. Gracias.

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