Sep 08 2008
Diario de aprendizje 1A
Mi maestro nunca dice “Suelte usted ya lo que tiene que soltar” porque saben que los escritores nunca lo hacen.Tendría que decirme “Componga ya lo que quiere soltar”, y no lo dirá.
Sabe que es una conclusión a la que debo llegar por mi mismo, lo contrario significaría que mi madurez como artista escritor aún no ha llegado, y si es así, cómo me va a decir “Suelte ya lo que tiene que soltar”.
Lo que más me dice es “Estudie, trabaje, lea, fíjese, y escriba lo que quiera a mano suelta”, “…Cuando lo haga no nos explique nada, muéstrenoslo. Deje que leamos las entrelíneas, y lo que no está escrito…”
A veces creo saber porqué lo dice, porque soy abstracto y pareciese que mi realidad no es la realidad, y mis cuentos, no cuentos. Entonces con toda razón lo dice “Escríbame los detalles ¡Pero no me cuente su vida¡”, o “ Escriba su vida en diez líneas….Si quiere veinte…”
Y le entiendo.
Lo que me costó más entender fue lo que un día me dijo “Usted aún no sabe cómo escribirá, no puede saberlo…”, no lo entendí hasta que pasaron varios meses siguiendo con celo sus clases. Un día me di cuenta que él es el maestro y yo el aprendiz, al comprobar que efectivamente, aún no sé cómo escribiré, ni lo que escribiré. Fue mientras exprimía un limón para echarle las gotas al plato de arroz que iba a comerme. Pensé en él “Hay que echar limón –Me dije pensando que él lo diría- Si le gusta el sabor ácido tiene que echarle unas gotitas…”. Desde entonces cada vez veo más, entrelíneas magistrales, leyendo a los grandes, que no sé cómo lo haré, cuando lo haga, pero que le pondré lo que de verdad me guste. Como si fuese a comer. Si me gusta, parte de la preparación será ir al limonero de la casita, y elegir uno.
Cuando nos veamos se lo haré saber con los trabajos que le lleve, haré que note el esmero, la caligrafía, la puntualidad; le mostraré la goma de borrar gastada, la carpeta pese al uso ordenada, los textos rotulados de fosforescente, en distintas tonalidades, sobre los textos de los grandes, señalando en ellos partes del cuento. Personajes, escenarios, trama, argumento, cuando se describe a sí mismo el narrador y cuando y cómo a cada uno de los personajes, etc.
En quince minutos entenderá que entendí buena parte de lo que tenía que entender. Él de inmediato se dará cuenta que hice los deberes. Tal vez me felicite, y entonces continúe enseñándome
-¿Dígame, ahora qué quiere escribir? Tal vez me pregunte y, en ese caso, conteste
-Lo que quiera escribiré…Lo que me diga…
-….Bueno, pues…Empiece a soltar”