Sep 28 2008
Allí dentro
Antes de entrar en el portal apuro las últimas caladas, busco el paquete de chicles en el bolsillo izquierdo del pantalón, de “Hierbabuena, sugar free”, que siempre llevo ahí, pongo uno en la boca que los dientes pronto se encargan de aplastar, primero despacio, y después hasta tocarse los marfiles de arriba y abajo los molares, y abro la puerta que da al zaguán interior, la escalera y el ascensor. Subo a pie porque es el primer piso y en lo que tarda el ascensor en llegar si lo llamo, ya estoy arriba. Abro la puerta de madera con la larga llave terminada en una anchura con dientes que parece el perfil de una ladera en cada lado, sube, quiebra, baja, se inclina, y vuelve a subir y bajar, todo tallado en un perfil plano, y abriéndola entro y qué encuentro…Lo de siempre, lo conocido y acostumbrado, mi casa. O están o después llegan, mi familia.
Estaba en mi calle, en mi acera, me entretuve en apurar el cigarro. Mi auto lo aparqué allí mismo, frente a la entrada sin puerta del portal, cerca de una palmera que va creciendo. Allí dentro está la puerta por la que llegué al interior, con mis llaves naturalmente. Con mis dos necesarias llaves, a mi casa.