Ago 14 2008
Miles Davis
Para recordar unos minutos a este grande…
Time after time
Ago 12 2008
Hoy es doce de Agosto esta mañana sobre las seis y media clareaba aunque yo dormía.
Antes de las siete era de día, desde el balcón he visto los pájaros volar sobre los pinos o entre los edificios. Mientras dormía ellos ya volaban aunque no los viese.
Si fuese a ver por la orilla seguro que también encontraba peces nadando o cangrejos andando de lado por las piedras; o un pulpo lento paseando y observando cerca de las rocas, a un palmo sumergido, a veces los he visto hacerlo temprano; o lapas dos milímetros levantada la concha tal vez buscando el sol; o una pacífica estrella de mar reflejando brillo sin envidiar las del cielo.
Aunque no me hubiese despertado estarían allí.
Ahora lo recuerdo, cuando me dormí ya era día doce, era tarde y estaba cansado, fue un día de tensión. Todo ocurrió hoy aunque durmiese o estuviese despierto, qué extraño.
Todo hoy, antes de las siete cuarenta y cinco.
Ago 10 2008
Cada vez que llueve me acuerdo, soy imbécil. Que manera obsesiva de quererte años y años; cuando confesaste estar encantada con él, no lo podías negar, dijiste que a pesar de ocasiones nunca hiciste nada ni os besasteis, te creo, pero muchas veces mientras he mirado las gotas de lluvia resbalar por el vidrio de la ventana, formando surcos torcidos, he dudado si te hubiera hecho más feliz.
Pobre desgraciado, nunca pensé que me alegrara que terminase en la tumba lánguida tan joven.
Ahora ya no volverá a cruzarse contigo y darte dos besos delante de mí, ni yo a verte sonreír mirándole tus ojos azules mientras mi estómago encoge.
Me enfermaba ver el brillo en tus ojos cuando la mirabas y el arrullo en ella. Perdona colega pero me alegro.
A veces me volvía idiota, no podía estar sereno ante vosotros, era como una pernocta continua con fusil cargado de cuatro a seis de la madrugada, somnolencia intuida, pero en esas hacia recorridos entre muros, temiendo las sombras, o vigilaba en garita, pero aquí, contra el taconeo de tus camperas con chinchetas niqueladas y tus vaqueros ajustados, o tu palique, qué hacia; te quedaban de lujo con blanco, y la rubia melena rizada, innegable, a ella la fascinabas. No sabía de qué defenderme, y sin fusil.
Ahí abajo se ven las Canarias. Te gustaría la chavala que me espera, una morena que mordisquea. Yo también me volví un adúltero, ligero como tú. Bueno, a ti tal vez te gustase más ella. Pero tú lo sabías, sabías cómo la amaba con qué locura, cualquiera lo notaba, me idiotizabas, me volvía inútil y me achicaba. Desatinado, cuando ante ella me vaciladas. Me asfixiabas, tío.
Perdona pero me alegro, y no te acuso, que nos perdonen, pero tengo el cielo por delante despejado y claro. Debe ser Lanzarote, parece una hoja de laurel manchada de tierra. Mira, rodeada de azul fuerte, tendida en el mar, ahí, bajo las nubes.
Ago 02 2008
No soy uno de esos tipos al que le guste que le ovacionen y en el escenario alumbrado multicolor, entre vítores y aplausos, le entreguen un primer premio, un libro de oro, un disco de platino, o un busto en bronce con la imagen de uno de los grandes al que comparasen.
Me gustaría caso de recibir un premio que viniesen a mi casa previo aviso uno o dos o siete conocidos a traérmelo, y sin pompas ni manifestaciones extraordinarias, sentados en el sofá del salón con un vino, me dijesen en voz baja “ Felicidades”, te hemos traído un libro intangible para que recuerdes siempre que lo más bello aún no está descrito…”
A mi cadencia una frase simbólica o un libro como ese le haría bien.
Después del brindis los comentarios, las risas y las anécdotas, cuando ya se hubiesen marchado aunque fuese de madrugada, estoy seguro que me quedaría tratando de visualizar el libro sin páginas y reflexionando sobre cómo describir lo invisible.
Al acostarme, siempre me ocurre con motivos de reflexión, seguiría pensando en ello esperando el asombro del sueño, la perplejidad con que a veces veo y siento lo imposible, tratando de escribir a media conciencia lo indescriptible.
Soy un tipo que aceptaría bien esa clase de beneplácitos saludables, pero aquellos multitudinarios y sonoros, estoy seguro que al dormirme me llevarían al desasosiego de un insomnio ruidoso y confuso, en el que ni siquiera podría distinguir entre entre lo bello y el caos.