Entradas del mes Agosto, 2008

Ago 31 2008

Me crezco

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

310808

Duda de todo, parece estúpido, si no fuese porque es amigo, no le escucharía. Al hacerlo yo mismo me confundo, me parece casi lógico que se lo pregunte.

Lo que digo que le hace estúpido es que siga y siga y siga, dudándolo, cada tres meses.

-Pues claro que es importante vivir –Le digo- vida solo hay una segura, y todo el resto es probable.

-Pues por eso -Insiste- no sé si vale la pena.

-¿Qué pena?

-La vida.

Si tuviese depresión lo entendería, pero diría que no tiene nada, sólo dudas.

-¿Qué es más importante el dinero o el amor?

Y así no deja de hacer preguntas que al final, de tanto oírlas, ya me parecen tontas, y como decía, él, casi cansino. No es que sea cada tres o seis meses, es que son preguntas de idiota, ni siquiera de niño.

-¿Qué prefieres tumba o fuego? Me preguntó un año.

-Tumba –Le dije- que vengan a visitarme ¿Y tú?

-No lo sé.

Aquel día estábamos mirando el mar, a media mañana, de cara al norte. Después de un rato de recibir calor nos metimos a nadar. Estábamos en el mediterráneo.

Aún ese día dudó.

-¿Nos bañamos? Le pregunté.

-No lo sé –Contestó- Si quieres sí.

Nadando bracea como cualquiera que sabe y está practico. Hasta la respiración la lleva acompasada al meter la cara y sacarla y sin embargo ¿Porqué dudaba?

Le tengo cariño, por eso le escucho, y confieso, por oírle tanta clase de extrañas y continuas preguntas, que me gusta verle hacérselas. De alguna manera me pongo a la defensiva, y crezco. Ante él crezco.

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Ago 30 2008

Al final

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

En resumen. En definitiva de tres, si puedo, escogo tres.

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Ago 26 2008

Aprendizaje

Publicado por Ciertamente en Literatura

Dice mi maestro que si no estudio, ni me esmero en aplicar lo que aprendo, ni leo, no hace falta, de momento, seguir con más clases.

Además la presentación. “Tiene que cuidar la presentación, no se debe servir un buen vivo en una copa manchada…No mira usted las copas antes de servir a sus invitados?

Estudie lo anterior, haga borradores, señale, analice. Léalo detenidamente, fíjese bien lo que dicen algunos autores sobre cada tema. Piense”. Me dice.

A veces me entran ganas de hacer una novela a sus espaldas, escribirla en un mes y cuando nos volvamos a encontrar decirle…”Tome. Ahí tiene lo que hice”, un premio nacional naturalmente. Me dan ganas de presentar una novela ejemplar.

Eso debía hacer, obedecerle por una parte (estudiar y leer) y escribir una novela por la otra, por un lateral. Entre tiempos.

La verdad es que no sé cómo se escribe una novela. No hemos llegado a eso todavía, “Si quiere en los próximos meses trataremos de ello. Si decide usted hacer los deberes, aprender, y seguir escribiendo, entonces”.

Me pregunta “¿Sigue queriendo hacerlo?” y le miro extrañado ¿Acaso no sabe que lo necesito? ¿Qué clase de maestro es éste que no se da cuenta? “Si quiere –prosigue- tiene que emplearse, no puede perder el tiempo. Tiene que fijarse y borrar lo que sobra en los textos. Para qué escribe “iban dos”, cuando después abre un diálogo entre dos personajes que están solos. Para qué la palabra dos, cuando todos sabremos al leerlo que era una pareja.

Quite lo que sobra, lo que no es indispensable. No tape las entrelíneas con palabras. Fíjese”, insiste.

Quizá, aún así, empiece la novela. Trace unos capítulos. Tome datos de algún personaje, busque unos escenarios, etc. Cuando nos volvamos a encontrar le diré…”Mire lo que hice…he trazado una novela…¿Qué le parece, quiere leerla? Al final mueren dos. De momento en un tiroteo, uno recibe un balazo mortal en el corazón, y el otro en la cabeza. Pero sólo se sabe al terminar.

Confieso que le profeso admiración. Me invita al humor muchas veces, ” El humor hace la vida sencilla” No sé, sin sus clases, cómo hubiese aprendido que es muy importante, al escribir, tener en cuenta las técnicas, pero sobre todo, el incidir en lo esencial, el gesto o la mirada que marca lo diferencia del resto, el matiz universal por el que todos sabremos qué siente el personaje, y cómo son los hechos. Sin estorbos.

“Incida y precise”, insiste. A veces me sentencia. “Escriba sin miedo. Sea inmoral. Diga lo que ocurre y cómo ocurre sin coartar al personaje, ni al narrador. Quítese el miedo de encima y no apriete a quien habla, déjelos libres”.

A mí, que siempre he sido un poco miedoso, estos encargos me pillan de espaldas. Sé lo que hay detrás, pero temo girarme, aún siendo aire. No hubieron pasos, ni ruidos. Aún estando solo, dudo si mirar.

También haré cuentos mientras tanto. Quizá aparte la novela. Mejor. Lo haré mejor, incidiré en algunos que ya tengo escritos, eso haré. Repasar. Escribirlo de otra manera, con otro tiempo y otra voz, por ejemplo. “Tiene que manejarlos –dice también- cambiarlos, reescribirlos…Un buen texto no sale sin trabajarlo. Lo hacia Chéjov ¿No lo hará usted?

Al despedirnos me da la mano y una sonrisa.

-Hasta pronto – me dice- Lea y escriba.

-Muchas gracias. Hasta pronto. Lo haré.

Me voy con mucho aprendido, y tranquilo, confiando que pronto volveremos a reunirnos.

(A mi maestro D. Antonio)

 

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Ago 25 2008

Descuido

Publicado por Ciertamente en minicuentos

Sin culo y sin conciencia de cómo lo perdió, se quedó.

Se le empezó a notar, algunos se lo dijeron “Estás perdiendo el…”, pero él, tocándoselo un poco, contestaba que no era nada, que estaba en una dieta.

Un día, antes de ducharse, desnudo, se miró al espejo de cuerpo entero, en la puerta del armario, y lo vio. Las piernas le llegaban a la espalda en una curva cóncava, formando un agujero bajo el coxis, sin la prominencia de las nalgas.

Quiso tocárselo pero no pudo, había un hueco.

Estaba sin culo, y sin saber cómo ocurrió.

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Ago 23 2008

Café amargo

Publicado por Ciertamente en Cuentos menores

 

Ayer se lo dije a mi mujer, estaba dispuesto a separarme, sin gritar, pero que me oyese “Me voy de casa”, y me marché.

No soporto más situaciones como esa, me siento un monigote, siempre olvida algo importante. Ayer fue el azucarero, estaba vacío y en la despensa tampoco quedaba.

Me tomé el primer café del día amargo.

Cuando se levantó, se lo dije “Me tomé el café amargo. Me voy de casa”, y como si nada, me volvió a decir lo que otras veces “Espera, bajo a comprar…”, “ No, no quiero que bajes ahora, recién levantada, además ya lo tomé ”

            Me gusta verla con enagua, más si es algo opaca como la llevaba, me hace pensar en más allá de dentro. En cualquier caso, no quiero que sin desayunar, recién salida de la cama, tenga que vestirse, y bajar por mí a la calle.

            Salí yo, me fui directo a la cafetería, a husmear el periódico.

Cuando lo dije quise que creyera que estoy harto, que los abandono “Me voy de casa” creo que se entiende, yo mismo lo creí. Pero ahora me doy cuenta que quizá ella entendió que simplemente iba a la cafetería. Eso me da rabia. Es uno de los motivos por los que a veces me voy. Ignora lo que soy capaz de hacer.

            Al terminar, cuando volví por el coche, pasé por delante del supermercado, dudé si debía pero, dejé a un lado por un momento el rencor y entré por un kilo. Se lo llevé para que tomase su colacao dulce. Y cuando se levanten, los niños. Lo dejé en la cocina sin decir nada, y me fui de nuevo. Esta vez hasta la hora de comer.

A media mañana recibí un mensaje. Creo que por eso volví, “Gracias te quiero he bajado a comprar ”, decía.

 

 

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Ago 21 2008

Un cartel

Publicado por Ciertamente en Diario

Hay un cartel de se vende pero el cartel soy yo y lo que se vende es nada. O alquila.

La ventaja de tenerlo es que siempre hay uno que apuesta de momento, mientras, espero otro que puje con más fuerza.

Pienso que soy barato, que por poco me tienen, por migajas lo que soy.

Debería decir se da con poco, vale casi nada. Se regala y entrega a cualquiera, con letra grande, por un poco.

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Ago 18 2008

Poesía sumergida

Publicado por Ciertamente en Inflexiones

 

Esta mañana antes de las ocho la luna se veía redonda y blanca, le faltaba un poco para la redondez completa; está empezando el cuarto menguante, ayer o anteayer estaba llena.

            La luna enigmática de agua, esta mañana.

Hace tres noches estaba muy cerca de llena, pero un arco negro la oscurecía, como si fuese un eclipse, más de la mitad de la esfera.

            Miraba desde el balcón de casa, pero no dije nada para no incitar preguntas ni distraer. Dentro, en el comedor, todos estaban tranquilos ¿Para qué iba a inquietarles?, “Mirad, más de la mitad de la luna, está ennegrecida…”.

            Ellos verán otras cosas –Me dije- , otros días. Similares acontecimientos, o más extraordinarios.

Miraban la televisión unos, y estaban en el ordenador otros. Todo estaba en orden. Yo escribía y miraba la luna.

            Sumergido en un poema.

 

 

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