Jun 30 2008
Casi terminado
Ahora lo difícil es lo que queda por delante. Lo fácil que yo decía para mentir que me resultaba difícil, es lo que ya casi he terminado. Digo casi, y terminado, porque si es verdad que están partes sin buen acabado, también lo es que tengo colocado y limpio el despacho con sus estantes, sus mesas, sus tres sillas, su iluminación, sus ventanas y sus puertas. Tengo dos ordenadores sobrados, (uno con red inalámbrica ( wiffi) y otro con cable a router) y el mueble detrás de la silla que ocupo con toda clase de pequeñas herramientas y útiles de oficina o de medir y calibrar hasta milésimas.
Como digo la tarea de montarlo, que sólo fue trabajo, está casi terminada, y lo que queda por hacer es lo que siempre dije que quería hacer, aquello para lo que me sentí llamado desde la adolescencia, aquello que siempre me sirvió como acicate y aliciente, aquello que por lo que vivir merecía la pena : escribir.
Lo difícil.
Ahora tengo el tiempo que quiera disponible, nadie me pone citas ni horarios, ni me urge a hacer esto o aquello, ni me exige mañana a las once, o la semana que viene el miércoles.
Puedo elegir desde que me levanto hasta que me acuesto qué hacer en cada hora y en cada momento.
(Lo que se alargue en el tiempo, lo que el dinero ahorrado me permita seguir haciéndolo, confieso que es un tanto vago predecirlo. Pueden ser seis meses, un año, incluso dos, si todo saliese bien y vendiese las joyas de oro, diamantes y piedras preciosas, todas nuevas, que me quedaron de mi anterior negocio-empleo-dedicación, por ejemplo. Lo que dure dura, suele decirse y lo digo. Durará lo que dure. No será muy difícil resolverlo cuando sea problema, tengamos confianza).
Para la noche o el día tengo en los estantes y en los bajos del mueble a mis espaldas decenas de carpetas con decenas de textos en cada una que fui escribiendo a lo largo de los últimos diez años, mi periodo más productivo. Para elevarme o hundirme, o flotar decenas de cuentos que debería escoger, revisar, y tratar de terminar o volver a guardar. Decenas de conexiones entre distintos periodos y temas que ir tratando de conciliar, entre sordo y ciego, y decenas de reflexiones que ordenar y pesar, también por tema y cronología.
Lo difícil viene ahora, escribir sin excusas, insisto, lo difícil acaba de empezar, hizo presencia, se inauguró a sí mismo.
Qué decir, y cómo decirlo.
Hoy es treinta de Junio, podríamos inaugurar este tiempo con una reflexión introspectiva, varada en una implosión simultánea, por ejemplo, de la siguiente manera:
Se tienen dos manos cada uno, se las pone hacia arriba, con la palma hacia nuestros ojos, y se las mira bien, sin prisa unos segundos, y a continuación dejando de mirar los dedos erectos hacia el techo o el cielo, se centra la mirada, se focaliza, en el rectángulo resultante de la palma sin los dedos, y se verifica qué letra aparece dibujada por líneas quirománticas. Sin dificultad cualquiera que mire verá una M remarcada. M de mañana, de madre, de mujer, de muerte, de mentira, de miedo. La eme de mano o de mar.
Se deja reposar un tiempo la mirada perdida en las manos abiertas separadas un palmo de las narices, tocándose ligeramente ambos meniques y anulares, y se vuelven a mirar las dos emes, una y otra alternativamente.
Se repite cuantas veces se quiera a lo largo del día o de la semana, por meses o anualidades. Y esa práctica en sí misma ya tiene sus propias inflexiones y dificultades, a las que cabe y se debe añadir, las oportunas cada uno en cada momento según su especie.
Queridos amigos lo difícil, sin excusas, queda inaugurado.