May 31 2008
Portazo
Cuando llegaron parecían contentos, él le decía ” conmigo no te va a faltar dinero”, y parecía que esta vez saldría todo bien, era una mujer elegante.
Abrió con su llave como es costumbre la cerradura y me empujó suavemente invitando a la señorita a pasar primero ” Adelante - le dijo- pasa, ésta será tu casa si quieres.
Aquí va a ser todo distinto- le decía mientras le indicaba atravesar el recibidor hacia el salón- aquí te trataré con respeto, podrás comer y beber cuantas veces quieras al día; tendrás vestidos ligeros para el verano y de abrigo para el invierno, un armario repleto. Ese televisor, ésa video-consola y ése sofá serán para tu recreo y descanso y el aparato de música también. Aquella habitación - decía señalando la pared azul cielo con la puerta gris - será para cuando duermas sola, los días que convengamos quedarnos cada uno en nuestro cuarto; el resto de los días dormiremos en aquella otra, la de puerta dorada, es más espaciosa y tiene cómoda, escritorio, y la cama gigante.
-Ella miraba los cuadros de paisajes, retratos, ninguna fotografía, los muebles clásicos, la larga estantería llena de libros, o las cortinas lilas del salón sin decir nada-
Lo único que tienes que hacer es admirarme y adorarme. Complacerme en lo que te pida, nunca será labor de sirvienta, y ser afable con mis deseos, es lo que quiero de ti. Lo único que te pido es ser dócil y cariñosa conmigo”.
De inmediato ella lo miró, parecía que iba a decir lo que todas aquí esperábamos que dijese pero no, se puso de frente a él y con voz tajante le dijo justo lo contrario:
- Lo siento, no me gusta ese trabajo. No quiero ser su esclava ni amiga. Tendrás que seguir buscando. Gracias.
Empezó a andar con paso decidido volviéndose hacia mi, él tuvo que apartarse para no impedirle el paso, y rozándolo sin mirar lo dejó atrás. Llegó en cinco pasos, abrió con la manecilla y al traspasar el dintel me cogió por el canto y me empujó fuerte contra el marco dándome un marcazo.
Las demás puertas se quedaron boquiabiertas, entendemos qué les pasa a muchas mujeres con los hombres, pero volvemos a quedamos con él solas. En el últimamente ninguna ha sido capaz de fingir más de siete semanas seguidas, todas se fueron con su paga despedidas, y nos dejaron sin las suaves caricias de sus manos, ni sus besos tibios, sin su voz confidente y sus miradas reflejadas. Como antes, limpiadas con trapo y guantes sí, dos veces cada semana dos minutos cada una, con fatiga, ni una sonrisa, menos un beso, y hasta el próximo día.