Ene 30 2008
Hoy creo que
Puedo decir que casi todo lo que le pedí a la vida me lo concedió.
Pedí lo sublime, lo ideal, vivir la esencia de mi vida en el alma, sentir mi unicidad, mi plenitud, y se me concedió vivirla y contemplarla, se me otorgó conocer y gozar la experiencia del amor totalizador en el corazón y en los sentidos, la caridad sin fronteras, intachable, hundida en el pecho y en el vientre, llenándome los pulmones. Lo busqué, lo pedí con humildad, y se me concedió en don de vivirlo, de forma gratuita. El cielo y quien allí reside me lo concedió.
Los placeres mundanos y las vanidades del mundo pedí con carnal deseo y me empeñé en conseguirlos, luché para obtenerlos y los tuve, influencia, prestigio, bienes materiales, negocios más allá del límite de lo lícito, dinero ganado fácil por encima del bien y del mal. Beneficios materiales y lujos en un estadio muy superior al que por mis propios méritos hubise merecido tener. Quien confiesa sabe cuando dice la verdad, y yo sé que la digo.
Vicios y adicciones también, placeres de compra y venta, pasión en la carne, o fraudulencias egoístas, fueron pastos en los que me regocijé y de los que me alimenté, ingiriendo con codicia tragos brutales que se desbordaban de la boca. Engreimiento ilusorio a lo largo de muchos años intentando vivir con mayor intensidad a costa de lo que fuese. Embriaguez, perseguí hasta la obsesión, hasta la locura, hasta encontrar la tapia que divide lo real y lo imaginario. Hasta plantarme ante el portón a punto de entrar al irretornable cáos de la demencia.
Hasta donde quise llegar puedo decir que llegué. Hasta donde mis capacidades físicas me permitieron, y hasta donde se le concedió a mi alma inquieta, más allá de lo habitual.
Y lo mayor de todo lo conocido, lo que me hizo sentir único e importante más, lo que me abrió la conciencia de mi mismo revelándome la felicidad tan inmensa a la que podía llegar, sin duda fue el amor, el amor que recibí y el que entregué.
Lo peor fue lo que no amé, lo que odié y lo que malogré. El amor celoso por mí mismo, el cariño a mi ego caprichoso, el culto continuo a mi vanidad, eso que aún hoy encadena al alma en la mazmorra quitándole la libertad. Eso contra lo que quiero hoy por encima de todo, luchar. Hoy que aún tengo vida y fuerzas y ganas de amar.
Hoy que puedo decir que todo lo que le pedí a la vida y al mundo me lo concedió.