Nov 15 2007
Entradas del mes Noviembre, 2007
Nov 15 2007
Preparado de carne
Una receta fácil que la mayoría conocéis pero que no está mal recordar.
Carne preparada como para hacer hamburguesas o albóndigas.
Lo haremos así: Para cuatro personas un kilo de carne picada, mezclada ternera y cerdo. La colocamos en un bol suficiente y le añadimos dos huevos, perejil bien picado ( preferible fresco y picado en el momento), una pizca de orégano y pimienta si nos gusta, pan seco rallado, y sal. Preferiblemente con guantes, si no puede ser con cubiertos, o con las manos bien limpias, amasaremos y mezclaremos bien los ingredientes. A continuación le daremos la forma deseada, bien con el formato de hamburguesa bien con el de albóndiga, y los pasaremos por harina. A continuación se fríen bien en abundante aceite, y listo para comer. Acompañado de salsa de tomate natural, o pisto, y patatas fritas, tenemos una comida o cena fenomenal.
¿Una fotografía?…Cualquier día aparece una, pero es fácil de imaginar.
Próximamente : Salsa de albóndigas.
Nov 15 2007
Bailando
Ya que estamos os dejo un vídeo por si os gusta. Está catalogado como de humor, yo diría música y baile, y en cualquier caso divertido sin duda.
Nov 15 2007
Dragon Ball Rap Completo
Aquí por iniciativa de los jóvenes, que afortunadamente siempre están empujando, os presento un trabajo musical de actualidad, Rap en español.
Si uno se aprende la letra, la memoriza y la canta, la diversión está garantizada en casa, o donde vaya.
Nov 14 2007
Si no escribo qué hago yo
Y si no escribo qué hago con ésta obsesión por escribir continua…No sé qué hacer, si busco un oficio y me pongo a trabajar tendré que dejar de pensar en mis historias y mis cuentos, tendré que ser responsable con un horario y un tiempo ajustados, será imprescindible atender lo que hago. No podré estar barriendo las calles, por ejemplo, y sentándome a escribir en un banco de vez en cuando, o más seguido a otras veces; o conduciendo un autobús pensando en mis poemas. Tendré que atender al volante y no habrá ninguna posibilidad de que haga escritura ninguna. Yo eso no lo puedo hacer.
O a un cliente, ¿ le digo que espere?, le digo…” espere por favor un momentito que voy a hacer unas anotaciones perifrásicas en mi diario…ahora vuelvo y le atiendo”…yo no puedo hacer eso con mis clientes, no quiero quitarle a nadie lo que le pertenece, y a ellos menos.
Si no escribiese me moriría; me iría a un lugar solitario a marcar como fuese en la tierra unas palabras, o a dibujar con el índice en saliva volátil una palabra sobre la roca; o en la corteza de un árbol con una piedra, o en una rama con la uña, “ Verbo”, ” Amor”, como único.
Pero nadie me impide hacerlo y en vez de eso me puedo extender, me puedo explicar, lo puedo contar desmenuzado en el tiempo. Tengo mucho que decir, mucho que apuntar. Mis musas lo saben, ellas me lo dicen en silencio, inevitable oírlas, “ Tienes que escribirlo, tienes que hacerlo”, dicen muchas veces…” escucha, escribe; tú escucha y escribe” Y yo, yo jamás renunciaré a ellas. Sería peor que un suicidio. Sería traición y suicidio. Y no haré eso, antes bien seguiré escribiendo.
Nov 14 2007
Escribiendo
Si no escribo reviento. Pero pensarán ustedes, yo mismo igual, que eso es una metáfora, porque físicamente aunque no escriba no reventaré. Pero aún así déjenme insistir, creo realmente que si no escribo reviento.
No será como se espera, reventar hacia afuera, como si fuese explotar. Pero puede que ocurra de modo inverso, al contrario, inrreventando, esto es, reventando hacia dentro.
Por supuesto, mientras pueda, no arriesgaré que así suceda, que en vida me quede hecho una escoria.
Nov 13 2007
El más rápido
Mi tío Alan me dejó una cicatriz que ahora, treinta años después, aún puede apreciarse en mi antebrazo derecho, poco más abajo del codo. Fue un tarde de Domingo, frente a la cabaña que mi padre tenía en el rancho.
Yo tenía catorce años, y por aquel entonces acostumbraban a venir de vez en cuando mis tíos Alan y Eliades. Yo salía a esperarlos, subía a una loma cercana y desde allí, sentado junto a un peñasco que había, vigilaba hasta verlos aparecer. Por el camino la estela de polvo que levantaba el trotar de los caballos señalaba de lejos, por donde iban. Cuando los veía aparecer gritaba y hacía una señal avisando, para que mi padre supiese que llegaban. Mi padre era feliz cuando venían sus hermanos a pasar el día con él. Después de la comida se sentaban en la mesa del porche con tres vasos, una botella de tequila, y una baraja de naipes. Cada uno traía una botella y además, de la despensa siempre salía alguna otra que estaba guardada. Mientras ellos charlaban, bromeaban y jugaban al póquer, yo montaba sus caballos: “ Oronegro” el de mi tío Alan, y “ Poncho” el de mi tío Eliades que tenía el color exacto de la miel, y una franja de pelo blanco en cada una de las patas, como si fuesen brazaletes.
Aquel día tío Alan quiso hacernos una exhibición de sus habilidades con el látigo. Muchas veces había hecho actuaciones en público ganándose un dinero con ello, y se afamaba de ser el más rápido en su manejo. Él decía que a distancia de su cuerda no temía estar frente a otro con un revolver. Ese día hizo varias demostraciones, tiró una carta de la mesa al suelo, y con dos golpes, uno de ellos al aire, la dejó de nuevo sobre el tapete.
Mi padre se dejó sacar el sombrero sin ningún percance, mi tío Eliades dejó también que su hermano le sacase el arma de la cartuchera de un disparo de látigo, cayendo al suelo después de volar por los aires, sin que a él le dañase ni le tocase un ápice. Asombrado por lo que era capaz de hacer y hechizado por la rapidez y atino, le reté pidiéndole que me dejara dispar a darle con el arma descargada, y que él tratase de impedirlo.
Todos aceptaron y pronto estuve frente a él, separado cinco o seis metros. El tenía el sol a su derecha, casi dándole en la espalda, y yo lo tenía a mi izquierda, bajo y sin molestarme.
En un instante supe que iba a vencerme. Lo vi en la sonrisa abierta bajo sus ojos azules, mostrando los dientes, tranquilo y contento. Sólo los que saben que van a vencer pueden sonreír como él sonreía. En su frente, bajo el sombrero negro, se dejaban ver mechas de su pelo rubio, y la melena corta por detrás del cuello.
Él aceptó que estuviésemos ambos erguidos, yo con mi cartuchera abierta y mi mano derecha casi pegada a mi pierna, y él con su látigo extendido a la altura de su pie derecho, en el suelo. Aún no lo puedo entender pero cuando levanté la mano rápido, empuñé la culata, y tiré del arma para sacarla sentí un golpe impactante, un tremendo calambre que me hizo que soltar el revolver de forma instantánea.
No logro explicar cómo lo hizo, cómo pudo hacerlo, pero juraría que el látigo saltó antes de que él pudiera tocarlo. Tal como se agachó de súbito la cuerda estaba golpeándome el brazo.
El dolor fue muy intenso pero no dejó mayor herida que la marca. Dolió, era necesario que doliera, todos lo sabíamos, y me animaban a superarlo y se condolían conmigo. Mi tío Alan me abrazó fuerte…” piensa primero, no te la juegues contra el más rápido si no estás seguro ” dijo.
Desde entonces lo que más recuerdo de mi cicatriz es ese momento. Sonriente como los vencedores, abrazándome con cariño, y repitiendo…” no apuestes contra el más rápido si dudas ”
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